sábado, enero 22, 2022
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Nupcias de dos amores

Sin Utopias

Por: Ricardo Quevedo

Faltando un mes para el matrimonio de Tenorio Bardales, se repartieron las tarjetas de invitación a personalidades y amistades más honorables. En la tarjeta decía: “Con especial consideración, tenemos el gran honor, yo, Tenorio Bardales Lizardo y Leandra Falcón Facundo, de hacer partícipe de esta invitación a vuestra honorable persona…a nuestra fiesta matrimonial que con su presencia dará mil satisfacciones de algarabía”. Tenorio ansiosamente esperaba este día y llegó por fin el día más feliz, que por primera vez experimentaba en carne propia esta satisfacción interna.
Los invitados llegaban alternadamente. Los vehículos motorizados eran un loquerío, en grandes columnas se ubicaban cercando toda la manzana de la habitación del novio. Las caras de los invitados repartían alegres sonrisas. No había rostro que no se sentía feliz. El bullicio era aterrador, los comentarios y apreciaciones eran de todos los gustos y colores: “¡Carajo por fin le llegó este gran día a mi querido amigo”!…”Si pues ya era tiempo”… “Yo creo –decía otra voz-a todos nos llega la hora para todo: si tenemos que disfrutar algo, nos llega ese momento, si tenemos que sufrir, también es una hueste en nuestras vidas, de modo que toda cosa tiene su propio tiempo, su propia hora, y esta hora de Tenorio Bardales de unirse con su media naranja, por fin le llegó”.
Los novios aún no llegaban. El lujoso taxi nupcial estéticamente con el forro de color blanco con palomitas artísticamente diseñadas, abriendo sus alas e invitando a la paz, visiblemente además se dejaba leer un mensaje en el parachoque del taxi nupcial: “para los novios Tenorio Bardales y Leandra Falcón, nuestro deseo para que vivan felices”. El Taxi daba varias vueltas alrededor de la plaza. El paseo también era por las céntricas calles de la ciudad de Tarapoto. Este ritual nació de los familiares de la novia, para que tengan una vida de permanente viaje.
La misa duró más de una hora. El sacerdote leyó mensajes de la Biblia entorno a la comprensión, a la paz, al amor y a la vida armónica que deben permanentemente practicar los novios. “Habrá luchas y tensiones fuertes que tienen que saber enfrentar –les decía el sacerdote-, la vida conyugal es lo más hermoso, pero también tiene sus grandes barreras, una de esas barreras es el carácter.El carácter total e integral empezará a salir cuando empiezan a convivir. Los primeros días y meses, los placeres de la carne los tendrá casi como desapercibido, pero luego los afanes de la vida les jugará lindas pasadas para ver si ambos en acuerdo recíproco lo enfrentan”.
Los novios al escuchar estos términos de reflexión, permanentemente se miraban con muequitas y sonrisas en los labios como queriendo decir esto para nosotros ya es pan comido. Leandra sobre todo acercándose sigilosamente al oído de su querido Tenorio le decía: “mi amor no te preocupes, ya hemos convivido nuestro carácter, incluso tú me contaste en más de una oportunidad que te sientes complacido y satisfecho cuando yo me molesto”. “Si mi bebita, me siento complacido por tu lindo carácter que tienes – le responde el novio-, es más, tienes una agradable manera de enojarte que me hace sentir y vivir en plenitud la hormona de la topamina, la hormona de la felicidad”.
“Ah, somos ya felices mi amor”-le responde la novia. Y ambos estallan en silenciosas carcajadas de felicidad.
Llegó la primera noche de casados. Ambos salieron a ver una película en el cinerama, mientras sus dos pequeños, Rosita y Damián, se fueron a sus propios cuartos a descansar. Al siguiente día era ya lunes y tenían que levantarse temprano como siempre para irse a sus respectivas academias. Rosita antes de despedirse de su mamá, le da un beso y le dice acercándose a sus oídos: “cuídate mamá, después de terminado la película, ya sabes, directo a la casa eh”. Damián a su vez: “chau mamá, diviértete”.
El nombre de la película: “la fidelidad en el amor”. Se trataba de dos personajes, Rubén y Lastenía, ambos con actividades y profesiones diferentes. Ella era contadora y ama de casa; él era aviador y metido en un escándalo de narcotráfico que ella no sabía. Cayó por soplo. La policía lo baja con esposas desde el avión. Empiezan a vivir un largo calvario: todo el patrimonio económico que tenían se les acaba en abogados y más abogados. Lastenía abandonada a una triste suerte en casa, trabaja día y noche. Semanalmente le visita al marido en la cárcel, con ese espíritu de fidelidad hacia él.
Al término de la película, Tenorio Bardales Lizardo, sale contento y a la vez triste, al mismo tiempo abrazándola fuertemente a Leandra reacciona: “una cosa que no comparto del personaje Rubén es, no ocultarte nada. –“Yo a su vez, -reacciona Leandra-, comparto la fidelidad de Lastenia, como la misma fidelidad que te tengo, mi amor”.
Se detienen un momento, se miran más reflexivamente. El abrazo y los besos son más excitantes, que les lleva a otro lugar a pasar una apetitosa intimidad, mientras que Rosita, su hijita mayor, aun no conciliaba el sueño, hasta que llegaron ambos novios a la casa, satisfechos de haber visto la película y satisfechos de haberse entregado al fuego del amor.

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