Fecha: 11 de enero, 2018 - 7:00 am

Fin de año… inicio también


Tres hechos interesantes han marcado mis cincuenta y siete años de juventud acumulada en el pasado fin de año y el que acaba de comenzar, tres hechos que no sé si le interesarán al lector o al jefe del diario en el que suelo publicar de cuando en cuando.

Primero, seguramente al igual que a Usted, toda esa suerte de entrampamientos políticos que han ocurrido con ocasión de la liberación del ex reo por delitos de lesa humanidad; ya está afuera cuando no debiera estarlo, y creo que junto con sus dos hijos ha de estar riéndose a carcajada limpia y entrecerrando más los ojos, porque la jugada le salió del todo redonda, sí pues porque, a diferencia de otros no termino de tragarme el cuentito del enfrentamiento de los hermanos Fujimori, no termino de tragarme el cuentito de que no se va a meter en política ahora que está afuera, cuando desde adentro ya lo hacía y su movida política le resultó total y absolutamente exacta, tal como lo había planeado, estoy seguro que más temprano que tarde lo vamos a ver moviendo hilos para perpetuar su apellido en el poder. Ni que decir de los congresistas, de quienes no me voy a ocupar porque de sátrapas, conchudos, comechados y sinvergüenzas no me ocupo, hay mejores espacios en que ocuparse, el baño por ejemplo. Y del Presidente, ¿qué más se puede decir además de lo dicho por todo el mundo? mejor ni lo digo, ya fue y punto, sólo me imagino que ha de estar dando malayas el haber sido elegido, porque al trote que va como decía mi inteligente abuelo “este se queda en la tranca del frente y no la cruza, por miedo, por vergüenza, por tonto o por lo que sea”.

Segundo, mi visita a Chazuta después de unos meses de aletargada tranquilidad, a donde arribo en un recorrido de algo más de una hora porque voy despacio y sin gozar mucho de esos bosques del margen derecho del Río Huallaga, bosques que se mantienen, gracias a lo agreste del terreno, porque si no, ya todo estaría como esas tierras de Cuñumbuque, donde solo hay pastizales que crecen por amor de Dios, y el agua se va alejando sin prisa pero sin pausa. Llego a Chazuta casi a las 9 y 30 de la mañana y, para asegurarme mi almuerzo en el Restaurante del Pequeño Morey, pido un chilcano para mí, mis acompañantes piden sopa de majas -no sé si se escribe así o con z al final- De donde los traerán, no sé, pero no deberían sacarlos del monte.

Llegar a Chazuta es mágico, hay un no sé qué, que se difumina en uno a la entrada y no sientes cuanto tiempo pasa desde que cruzas el puente del Chazutayacu hasta que te regresas; para suerte mía y la de mis acompañantes luego de un encuentro interesante con El Profeta, cuya hija alimeñada mentecatona nos quiso echar de su casa porque empezamos a conversar de política, nos encontramos con Joysi Bartra y su hermosa hija. Gracias Profeta, a pesar de tu mentecatona hija gozamos con tu conversación y la gracia de tu pequeño David un niño extraordinario, a pesar de su Síndrome de Down.

Hablar de Joysi Bartra es otro asunto, ella tiene ahí en Chazuta, nada más ni nada menos que una Galería de Arte, así como lo lee, ¡una Galería de Arte!, en esa Galería Joysyn chazutina docente de la Escuela de Arte de la Pontificia universidad Católica del Perú te lleva al mundo mágico e imaginario de la selva de su Chazuta y del vasto mundo amazónico con sus mascarones de proa, donde encuentras personajes como el Yacuruna, la princesa de las aguas, en fin un mundo que sólo ella te puede contar con tanta pasión de artista. Vengan, vayan a visitar ese lugar, está cerca.

Tercero, la muerte de un muy buen amigo y una amiga. Cecilia era sin duda, una mujer extraordinaria, nuestro último encuentro de trabajo fue en Huampaní a inicios de Diciembre, era padre y madre, trabajaba por y para sus hijos, y la recuerdo no sólo porque haya muerto, sino porque mujeres como ella hay seguramente muchas en el país, pero ella tenía un don, el de la amistad sincera y la sonrisa franca, y la diferencia de su muerte con la de mi otro amigo, Mardel Tello, es que ella era muy joven y las circunstancias de su muerte revisten dos escenarios diferentes. Ella murió pensando y soñando en el futuro de sus hijos, él pensando y soñando en el próximo libro que publicaría porque ese era su mundo y su remanso de paz. Pero la muerte, cuando no, atrevida, inadvertida, impávida, ininfluenciable, sin distingos de edad, sin tiempos, ni pausas les llego a ambos. El accidente en el que murió Cecilia fue terrible, el Serpentín de Pasamayo, la historia es ya conocida, Mardel murió en Lamas, en su Lamas, ella seguramente va a seguir velando por sus hijos, él seguramente va a seguir escribiendo libros de la selva que caerán del cielo en hojas doradas.

Sólo es un viaje como tantos de los que hacemos.
Tarapoto, 08 de enero del 2018.