¿Morir de amor?


Ya no es la primera vez que debo escribir sobre la dolorosa forma de morir, y es en manos de quien alguna vez te amó, o dijo que lo hacía, con quien compartiste momentos bellos y fruto de ello nacieron hijos y formaron un hogar, que lamentablemente no se pudo sostener y la separación era la determinación final.

Sin embargo, muchas de estas historias que no terminan, se vuelven, de ser un cuento de hadas, una película de terror, pues el acoso, la desilución, la desesperanza, el odio, la venganza, el que piense que si no eres de él no eres de nadie, hacen nacer sentimientos que desdibujan completamente a un ser humano y lo convierte en un monstruo.

La región San Martín vuelve a ser el escenario de un feminicidio, en el distrito de Morales, y es que una mujer fue asesinada por su expareja, de acuerdo a lo declarado por el victimario, con quien tuvo hijos, vivían juntos y decidieron separarse.

La consecuencia de esa separación: una muerte. Un índice que aumenta en los casos que se dan en nuestro país por feminicidio, que son varios, el 2017 cerramos con 116 feminicidios y la gran mayoría de los casos los responsables son convivientes o exconvivientes.

Otra vez el tema de la salud mental se pone sobre el tapete, ya que muy pocos prestan atención a este tema prioritario.
En noviembre, el pleno del Congreso aprobó –a través de la modificación del artículo 57 del Código Penal– que se amplíe la prohibición de dictar prisión suspendida a condenados por lesiones leves causadas contra la mujer y contra integrantes del grupo familiar.

Así como tenemos leyes, existe impunidad, pues no se aplican correctamente y dejamos pasar los maltratos sicológicos y físicos que son la antesala a lo que luego lamentamos.

Marcela Lagarde, antropóloga mejicana indicó: “Si el Estado falla, se crea impunidad, la delincuencia prolifera y el feminicidio no llega a su fin. Por eso, el feminicidio es un crimen de Estado”.