Fecha: 30 de diciembre, 2017 - 4:00 am

Las anécdotas de Doña Enith


Jugar a carnavales
Cuando yo era pequeña se jugaba los Carnavales salvajemente; los muchachos andaban por las calles buscando victimas, cargados con globos y cascarones (cáscaras de huevo) llenados con aguas pintadas. Hasta huevos podridos nos lanzaban y esto dolía mucho al hacer impacto. Un día, llegando a nuestra casa, mi hermanita recibió un cascarón de huevo en la espalda. Ella se volteó y les dijo a los muchachos que se reían de su hazaña: “No me ha dolido… No me ha dolido”, pero entrando a la casa se puso a llorar desconsoladamente diciendo “si me dolió, y mucho”.

Las 2 son iguales… de feas
Otra hermana mía y yo nos encontramos con una conocida después de mucho tiempo, Ella nos pregunta si éramos hermanas y le respondimos “por supuesto, acaso no somos iguales?”. Ella nos mira y remira y responde “De verdad que son iguales, pero iguales de feas las dos!”.

El Gago
Estando en Moyobamba, capital del departamento (estado en USA) donde nací, un día entré a una tienda y pregunté por una tela que estaba en el mostrador. El vendedor me responde “Toculo ancho pa tapá tofete”. Yo pensé este vendedor me está insultando o qué? Felizmente una señora que estaba en la tienda me aclaró que lo que el vendedor dijo fue “Tocuyo ancho para taparse del sol fuerte” (Tocuyo = Tela burda de algodón). Lo que pasa es que el vendedor era gago (persona que habla con la nariz).

El Baboso que tocaba claxon
En una ocasión regresando de la playa en el auto de una amiga, nos paramos en un negocio tipo “fast food” donde atendían los pedidos en el carro; pero como había tantos vehículos esperando, y los chicos estaban hambrientos, siempre que pasaban las bandejas ellos gritaban “Aquí, aquí aquí!” Pero lo máximo fue cuando el chofer sin darse cuenta presionó con el antebrazo el claxon o bocina de nuestro auto haciendo un ruido fuerte e incesante. Ninguno de nosotros sabíamos de donde provenía el ruido hasta que el chofer levantó los brazos protestando “quien será el baboso que toca tanto claxon?” inmediatamente la bocina dejó de sonar, todos le miramos y nos pusimos a reír al descubrir al tonto.

El Pico y La Talega
El “pico” de Fulano y la “talega” de Mengano.- Éstas son dos anécdotas ocurridas en lugares distintos y en diferentes tiempos solo por el mal uso de las palabras: En la ciudad donde nacieron mis hijos, mi hermano nos prestó una herramienta llamada zapapico -o pico simplemente- y cuando el empleado viene a recogerlo nos dice “Vengo a que me den su pico de Fulano”. En otra ciudad ocurrió algo parecido, mi esposo necesitaba la bolsa del pan así que envió a un empleado a recogerlo y este muchacho llega a la casa y me dice “Vengo a recoger su talega de Mengano”. En ambos casos nos reímos bastante, mas aún sabiendo que en nuestro país, “pico” y “talega” hacen referencia al órgano viril masculino.

Con la jaula vacía
Teníamos dos pajaritos en una jaula hasta que un buen día, se escapó de la jaula uno de ellos y uno de mis hijitos abrió la puerta de la jaula pensando que viendo la puerta abierta el pajarito pródigo regresaría. Pero lo que pasó fue que el pajarito que se quedó solo en la jaula también se fue y nos quedamos con la jaula vacía.

Un Tacho, Chato
La profesora de mi hijita cuando era pequeña pide a la clase quien es el primero que puede decir una oración alusiva al papá. Mi hija levanta la mano y dice casi sin pensar para ser la primera de la clase “mi papa es medio tacho” en vez de decir “mi papa es medio chato” (tacho = recipiente de basura / chato = persona de baja estatura).

Sin motito
Uno de mis hijos varones desde muy pequeño demostró tener un carácter tenaz e insistente cuando se proponía lograr algo. Una de esas cosas que más me acuerdo es “quiero algún líquido”… Le ofrecíamos agua y el no aceptaba, y seguía con “quiero algún líquido”… Jugo? tampoco, refresco? nada, y seguía repitiendo su cantaleta hasta que lograba su objetivo: quería tomarse un vaso de gaseosa. Cuando quiso cambiar el color de nuestro auto que él comenzaba a manejar decía todo el día “rojo mandarín… rojo mandarín” hasta que convenció a su padre de pintar el auto de rojo mandarín. Lo mismo pasó cuando quería que le compremos una motocicleta; todo el día nos repetía “quiero una motito… quiero una motito”. Esto si no accedimos porque sabíamos el peligro que significa tener una moto en la adolescencia.

El fracaso de la experta
Ante las frecuentes roturas de los “termos” por el personal a mi cargo y tratando de demostrar eficacia y autoridad les digo “miren como se llena de agua caliente un termo” y procedo a llenarlo con agua caliente. Pero sorpresa, sucede lo mismo y el termo se rompe en plena demostración; lo cual fue muy vergonzoso para mi.