Fecha: 6 de diciembre, 2017 - 5:05 am

Distrito de Morales, ¿congelado en el tiempo?


Comentarios en la radio se escucha, que el distrito de Morales es el ejemplo donde sus ciudadanos no saben elegir a sus autoridades, al mismo tiempo también ejemplo, donde es el primer distrito, que se está gobernando sin su alcalde.

Mofa, burla o no, lo cierto es que esta aseveración responde a una realidad de un alcalde que permanentemente es cuestionado, ya sea por no asistir a reuniones de los regidores donde amerita su presencia por casos puntuales; el estacionamiento de cuatro maquinarias frente a la discoteca anaconda y el abandono total de muchas de sus calles, con huecos de todo tamaño, donde el conductor de vehículos menores o mayores, hace malabares para manejar.

A este alcalde moralino es como pedir peras al olmo, no le puedes exigir más, es decir, mínimo por los menos mantener en buen estado las calles (que tampoco lo hace), porque pedirle que asfalte, está fuera de sus escasas gestiones o capacidades.

El lema publicitario de la Banda de Shilcayo es: “la Banda está bonita y puede estar mejor”. ¿Qué diríamos de Morales? Un pueblo sin la colaboración de sus ciudadanos, crece poco, pero sin la capacidad de gestión de su primera autoridad edilicia, queda totalmente estancada.

¿Morales estancada? ¿Hasta cuándo? ¿Esperar que llegue otro alcalde? Lo cierto también es que el distrito de Morales no tiene cuadros políticos competitivos como para ganarse una elección con el voto merecido y estar al frente de su comuna siempre presente en los buenos y malos momentos con su pueblo; demostrando su liderazgo frente a cada circunstancia y problema y no justificarse con certificaciones diarreicas, que le pinta absolutamente a este alcalde de una total falta de seriedad con su pueblo.

Elijamos al mejor vecino. Siempre se escucha. ¿Pero quién es el mejor vecino? ¿El que habla más?, ¿el que habla mejor?, ¿el que tartamudea? ¿O el que no habla nada? ¿O el más simpático? A estas alturas de los tiempos, ya nada, ni nadie es creíble.
El político peruano mira a los municipios, a los gobiernos regionales como a su caja chica o caja grande. No hay un solo candidato o aspirante a un cargo de elección, en estos tiempos, si primero no hace cálculos personales y familiares para salir de la pobreza y las limitaciones económicas que se encuentra. Esto es la realidad. Si se trata de distritos más pequeños, la situación es igual, o peor.

Muchos hablan de gestión, y con el cuento de gestión, se convierten en alcaldes turistas, con permanentes viajes a Lima, como si la capacidad administrativa no estaría descentraliza, y como si la misma tecnología de punta de hoy, que en contados segundos te puedes poner en contacto con cualquier terrícola de este mundo, como si todo esto no bastara, para ahorrarle más al tiempo y al dinero, ellos preparan maletas cada rato. A ver que se corten los viáticos. ¿Viajarían acaso permanentemente con su propia plata? Imposible. Como es plata de los tributos del pueblo, lo agarran así de fácil.

Mónica Guevara, regidora del municipio moralino, es la única de todos los regidores, la que siempre da la cara, manifiesta al mismo tiempo su desazón y disgusto por la actitud del alcalde Carlos Pilhco, de no saber afrontar el trabajo como primera autoridad.

¿Dónde están los demás regidores? No se ve su trabajo de fiscalización. ¿Dónde está el Frente de Defensa de Morales? Casi nadie sabe de su existencia.

El único atractivo que tiene el distrito de Morales, ¿acaso pueden ser las discotecas? Donde semanalmente se mueven miles de soles y donde miles de jóvenes también están ya en el camino de convertirse en alcohólicos. ¿Estamos formando acaso una sociedad enferma, drogadicta y dependiente al trago? ¿Por qué un empresario no invierte en la Banda de Shilcayo con una o más discotecas? ¿Será que la gente ahí es más reservada o menos cervecera?

Mucha gente de la Banda… y Tarapoto se desplazan en gigantescas tropas motorizadas los fines de semana al distrito de Morales, solamente por sus discotecas, en menor proporción para el cine Star.

Mientras esto pasa los fines de semana, el distrito los demás días va quedando congelado en el tiempo, producto de la inercia de su principal autoridad edilicia y de la complicidad de algunos de sus regidores.