Fecha: 5 de diciembre, 2017 - 4:35 am

La factibilidad de la unidad


La vida de la comunidad nacional pasa mayormente por momentos oscuros y cada ciertos trancones de tiempo aparecen fugaces luces que reviven de nuevo la esperanza. Las décadas de los ochenta y noventa fueron largos veinte años de completa oscuridad, cuando aparecieron fanáticos políticos, que decían llegar al gobierno nacional con las armas, matando a más de treinta mil personas inocentes y destruyendo bienes nacionales por más de treinta mil millones de dólares. En aquel tiempo de oscuridad total, la población perdió la esperanza de salida de aquel atolladero de lodo y sangre; sin embargo, tras descubrirse la mafia corrupta de los representantes del propio gobierno totalitario, se dio paso a una incipiente democracia de no menos gobiernos corruptos. Hasta aquí, como se ve, los gobiernos actuaban de manera mundana e idólatra con el poder político; pues, sentían el ego hinchado y sus decisiones estaban orientadas a seguir satisfaciendo a ése falso dios humano. Otro grupo, dice político, que pretendía llegar al poder, no le importó matar a cuanta gente quería, manteniendo en zozobra a todo el pueblo y destruyendo los alicaídos bienes que a las justas podía conseguir la comunidad ¿Cómo se puede imaginar en sentido racional, que hay que matar a gente inocente para alcanzar al gobierno? El otro ídolo era el dinero. Rendían pleitesía al dinero, como si la razón de su gobierno fuera la obtención de dinero para las arcas familiares; pero, lo más grave era, que ese dinero provenía precisamente de su pueblo gobernado, o sea, “elíjame para robarte”. Llegaron otros gobiernos de manos sueltas. Si alguien quiere ser generoso regalando dinero y bienes, que haga esa praxis con sus bienes y con su dinero y no pues con los bienes y el dinero del pueblo. A un gobierno se le ocurre regalar dinero en efectivo a las madres porque tienen hijos, a los hombres por ser machos y puedan golpear a sus mujeres. ¿No es indigno, hasta irrespetuoso y vergonzoso, estar dando dinero en efectivo? ¿Está bien? ¿Se ha dado solución al supuesto problema social? ¿Se ha logrado el despegue socioeconómico del país? ¿Se ha mejorado la situación per cápita de esas familias? ¿Existen índices de desarrollo del país desde que se inició con estos programas? ¿Se ha disminuido el índice de mendicidad? ¿Existen en las calles menos personas en condiciones indigentes desde entonces? ¿Por qué no se aprende que es preferible enseñar a pescar y no regalarle pescado? Claro, como siempre se pretende ensanchar el ego político, para que el gobernante quede bien, no importa malgastar los recursos de su pueblo. Para variar, otros gobernantes, dicen que son buenos negociantes. Si quiere demostrar que es buen negociante, que demuestre con sus bienes y no con los recursos del pueblo. Si hace lo que hace, entonces no es buen negociante, sino buen traidor a la patria. Otro contrató a la empresa más corrupta de la historia para construir una carretera por donde no pasa ni un carro. Así, el dinero corruptible socavó la profundidad de la dignidad de cada gobernante, hasta convertirle en individuo insignificante con mente pendiente de sucio dinero, aquel recurso proveniente del pueblo que le eligió, que siendo bien empleado, como dinero limpio serviría para obras públicas a quienes lo han aportado con sus tributos. Nadie ha tributado para que tal o cual zángano se lleven a sus casas.

 

Ante tanta mazmorra, de gobernantes que decepcionan, de políticos enlodados en el narcotráfico, en la minería ilegal, en crímenes, en robos, es decir, en actos mundanos, la comunidad está distante de sus gobernantes, cuando aflora rota la unidad, de pronto, gracias al deporte, emerge la factibilidad de unidad de la comunidad. La clasificación de la selección de fútbol a Rusia 2018, después de 36 largos años, es la boya salvadora del pueblo de su agonizante vida en la misma base de la profundidad. La llegada de fugaces luces de antaño, ahora es la luz de la clasificación, y el deseo es que sea permanente y dependerá solamente de todos los habitantes del país, no de los que gobiernan, sino de cada uno: No botar desperdicios en la calle, trabajar más de ocho horas diarias, dejar los ocios porque son madres de todos los vicios, no idolatrar el dinero que solo es un simple medio de vida, fomentar en su amplia magnitud el amor al prójimo, amar a Dios sobre todas las cosas del mundo, dejar de producir armas que matan, fomentar la vida digna de todas las personas del planeta, dejar libre las fronteras, que el alimento llegue en abundancia y de buena calidad a cada boca humana, abolir en el mundo totalmente el analfabetismo, buscar la distribución de los recursos y de las oportunidades de manera horizontal poniendo límites de excesiva acumulación de pocas personas, abolir totalmente todo tipo de discriminación. Que el fútbol se convierta en ese faro que ilumine y conlleve a la unidad.