Fecha: 13 de noviembre, 2017 - 4:35 am

Es uso perverso del poder


Sobre el tema del poder se ha escrito mucho, y la gente nunca ha aprendido. Robert Geene ha escrito el interesante libro “Las 48 leyes del poder”, en donde describe el significado de dichas leyes poniendo ejemplos esclarecedores. El sábado pasado, Inés Temple, a quien me gusta leer sobre los temas de gerencia y relaciones humanas, ha abordado precisamente sobre este aspecto tan importante en las conductas y que no es más que la demostración de aquellas personas que hoy día son poderosos y que mañana, ya fuera del poder, serán vistos como bichos que dan pena y a quienes hay que esquivar. Porque he visto casos dolorosos de muchas personas que tienen que pedir casi a gritos que los saluden porque, cuando estaban en el poder, ya sea como congresistas o como autoridades regionales o como alcaldes, miraban a la gente por sobre el hombro.

Los temas que estoy tratando me sacan de las cuestiones históricas que estoy abordando, recurriendo a las investigaciones de Segundo Gallegos Arévalo, los aportes desde el exterior de Federico Sarmiento Marchese, y de las mías propias. [Pero quiero hacer una advertencia a mis amigos: Que no les sorprenda que podrían recibir la llamada de un ex director del Fondeagro, que ha puesto como propósito de su vida el de difamarme y destruirme y me intriga por qué lo hace. Me ha hecho perder muchas amistades. ¿Quién le engañó y por qué?; ¿por qué las otras bajezas para creerle? ¿Por qué su bajeza y vileza en no haber tenido la decencia de hablar conmigo y sincerarse? ¡Dios mío: no encuentro razones para ello!]. Bueno, en los temas del Poder, hay mucho que decir, y aprender… cuando se quiere.

Inés Temple, en su artículo “Los siete retos del poder”, señala que el “olvidar a los amigos” y la “arrogancia”, son dos de esos retos en los que los “caperuchos” ocasionales, despistados y desubicados caen. Escribe Temple: “Muchos se dedican solo a cultivar nuevas relaciones ´más importantes´ y descuidan a sus amigos o relaciones de antes en la fantasía de que el poder les durará para siempre. Dejan de devolver llamadas, contestar correos, asistir a eventos, ayudar a quien pueden, olvidando que la vida da muchas vueltas”. Sobre la arrogancia escribe: “el poder hace que algunos se sientan por encima de los demás”. En estos dos ejemplos, puedo dar modelos de políticos que han dado muestras de su calidad personal, como lo fueron Gonzalo Villavicencio Aguilar, Juan Carlos del Águila Bartra, y son Arturo Maldonado Reátegui y Tomás Gonzales Reátegui. Alguna vez conversé cordialmente con Rolando Reátegui Flores, sobre el tema de la deuda agraria y, es justo reconocerlo, no me cortó el teléfono al terminar el diálogo, como hacen algunos baboso(a)s.

Ahora que se avecinan las elecciones regionales y vecinales, los políticos deberían comenzar a practicar esos valores que les podrían hacer ganar las elecciones. Hay candidatos que no llegan a la final porque, precisamente, la gente se acuerda de que cuando alguna vez estuvieron en el poder, sus angurrias las disfrazaban de tratos amables e hipócritas. Por ejemplo, nunca pude hablar por el teléfono con algunos congresistas, ni presidentes regionales. Siempre estaban ocupados, en reuniones. ¿Votaría por ellos? Por supuesto que no. Pero es también un asunto de asesores, cuando estos los manipulan y desinforman para favorecerse y favorecer a los de sus camarillas. Y la gestión del “caicuma”, terminará siempre sin pena ni gloria. Son esas oportunidades perdidas, porque cuando ´el tiempo apremia y las aguas suben´ ya no hay retroceso. Simplemente nunca supieron comprender sus roles.

El uso perverso del poder destruye a todos. Pero la gente no aprende: se sigue rodeando de esa gente que les llena de fantasías y solo son expertos ordenando fichas y papeles y ninguneando a la otra gente, cuando no maltratándoles porque, dizque, son de carácter fuerte y, casi siempre, como si fuera la regla, son realmente mediocres con suerte y con miedos permanentes. Pero así es la vida. Las gestiones fracasan cuando el poderoso y los del entorno no saben hacer uso del poder con humildad y sabiduría.