Fecha: 11 de octubre, 2017 - 5:05 am

Entre el milagro nacional y la comparación del caso Legia Fujimori


Entre el milagro nacional de ir al mundial y la comparación del caso Leguía y Fujimori.

Estábamos acostumbrados a oscilar entre la algarabía y la tragedia, frases como ‘jugamos como nunca, pero perdimos como siempre’ nos ha venido acompañando de tumbo en tumbo; sin embargo estamos a un paso de romper esa mala racha. La posibilidad de tener a nuestro seleccionado nacional en un mundial de fútbol es real; estamos, y sin exagerar, a un paso de acariciar la gloria.

Lo inminente tampoco nos debe llevar a vanos triunfalismos, pues, es también posible terminar eliminados; sin embargo, aún en esas circunstancias, quedará para la historia del fútbol nacional, que Ricardo Gareca es el artífice del ‘renacimiento del fútbol peruano’, que le supo poner tranquera al culto a las denominadas ‘estrellas’, que más de una vez por sobredimensionar nos terminaron estrellando, ahora vemos que por fin hay equipo, todos son en buena cuenta protagonistas, todos soldados de una misma causa.

El fútbol está también haciendo el milagro de ‘unidad nacional’; los peruanos sólo estábamos envueltos entre las noticias de Odebrecht, coimas, contrarreformas en materia electoral, archivos mañosos de investigaciones a fujimoristas, entre otras mugres. Ante Argentina, por la magia del fútbol, a un solo coro hemos entonado el vibrante ‘viva el Perú carajo’, grito bendito que hincha puños y acelera el palpitar de corazones, ese mismo grito con seguridad nos acompañara ante Colombia este martes.

Pero cuidado, mientras el fútbol nos apasiona, nos une, nos anima y revitaliza, un fantasma como sombra palaciega recorre entre palacio y el fundo de Barbadillo, es el fantasma de las movidas para devolverle la calle a reo Fujimori; Así, entre gallos y medianoche, mejor dicho entre la garra de Guerrero y las atajadas de Pedro Gallese, el plan para perdonar a Fujimori se ha puesto en marcha, se empezó removiendo de sus cargos a los miembros de la Comisión de Gracias Presidenciales, hoy lo integran puro desconocidos y lo dirige un Señor de 92 años, la verdad alguien que no tiene nada que perder.

PPK, en su afán de justificar su felonía a los miles que votamos por él en la segunda vuelta con la clara convicción que lo hacíamos para cerrarle el paso a la mafia fujimorista, ha dicho que ‘no quiere un nuevo Leguía’, en alusión a que este murió en una celda. Pero resulta que la comparación resulta groseramente anti histórica. Para empezar los casos legales son abismalmente opuestos entre Leguía y Fujimori.

Leguía dejó el poder tras un golpe de estado al mando del Comandante Sánchez Cerro, no pudo huir a Panamá como lo había planificado, lo conminaron a prisión en forma inconstitucional, incluso sin juicio, su celda fue un horror, tanto así que le fue tapiada la ventana, a pesar que sólo era de nueve metros cuadrados. A Leguía el dictador Sánchez Cerro sólo le permitió que sea atendido en un hospital cuando la bronconeumonía ya no tenía marcha atrás, su fallecimiento se dio a los pocos días visitar el hospital.

Lo de Fujimori es distinto, y es historia conocida, primero, fugó del país y se fue al de sus ancestros, y hasta hizo política allí, postulando al parlamento nipón; fue capturado por haber viajado a Chile y de allí entregado a las autoridades peruanas que sólo autorizaron que sea juzgado por seis de los trece delitos que contenía su cuadernillo de extradición. Su juzgamiento de se dio en el marco de la legalidad y el estado de derecho, lo juzgó una democracia que él había petardeado, tuvo una envidiable defensa, como envidiable entre los miles de presos en sus condición carcelaria.

PPK no aproveche la pasión del fútbol para marchar la dignidad nacional, no traicione a nuestros guerreros que están dándole todo por el todo en la cancha y que junto a los hinchas soñamos con un Perú nuevo, sin corruptos, dictadores ni traidores.