Fecha: 12 de septiembre, 2017 - 4:40 am

Fiesta de las naranjas

El sector del Huallaga central está que rebosa de naranjas. La carretera marginal, ahora Fernando Belaúnde Terry, está nutrida de nuevos puestos de venta de naranjas, bajo dos modalidades: En sacos de cien unidades y en vasos o bolsitas de jugo. Los sacos están distribuidos de dos precios: De naranjas pequeñas, casi del tamaño del limón a seis nuevos soles; y de naranjas medianas o del tamaño normal a ocho nuevos soles. El vaso o bolsita de jugo a un nuevo sol (Esta cantidad se obtiene de cuatro o cinco unidades, dependiendo del tamaño del fruto). Pero, no solamente la carretera está abarrotada de naranjas, sino también los mercados de las ciudades del departamento. Allí el precio del ciento es de diez nuevos soles.

Pero, no todos los productores de naranjas han salido a la orilla de la carretera a vender su producto. Una señora responde:
– No salgo a vender porque estoy sola.
– Las plantas están amarillas de tanto fruto maduro; además, muchos ya se están cayendo – agrega el interlocutor.
– Si pues, prefiero que las naranjas desperdicien en la chacra en vez de vender. Ahora, por la abundancia de producción, los compradores habituales, nos están ofreciendo comprar a tres nuevos soles el millar, cosechada y puesto en la carretera.
– ¿Así?
– Antes nos compraban a diez nuevos soles el millar en planta. El comprador cosechaba. Ahora, esos tres nuevos soles no da ni para cosechar, peor para el deshierbo, control fitosanitario, poda, abonamiento.

Un viajero decide comprar un saco de cien unidades en la carretera en el Huallaga central. La agraciada señorita le ofrece de los dos precios: De seis y de ocho nuevos soles, informando que la diferencia se debe al tamaño de las frutas. El viajero decide por el saco de ocho nuevos soles, porque desea contar con frutos del tamaño normal. En efecto, llega a su casa, a ciento cuarenta kilómetros de distancia, vacía el saco en el piso fresco, para evitar la sudoración y requemado de los frutos. El viajero se sorprende al notar la notable diferencia del tamaño de las frutas del saco: las unidades del medio saco superior son del tamaño indicado por la chica; pero, las unidades del medio saco inferior son del tamaño pequeño, frutos parecidos al tamaño del limón. La molestia del viajero comprador es muy seria. ¿Por qué esa chica agraciada tenía que engañarle tan vilmente? Si el vendedor ya hizo la selección por tamaños y ha fijado el precio por cada tamaño ¿por qué luego tiene que engañar al comprador haciendo premeditada mezcla? El viajero se llena de rabia y la inicial imagen del rostro bello de la chica se convierte con la cólera en rostro de bruja, mentirosa y de traidora. Luego piensa el viajero “Si yo hubiese querido naranjas pequeñas, compraba el saco de seis nuevos soles. O tal vez, en ese saco era al revés, el medio saco superior de frutos pequeños, y el medio saco inferior de frutos grandes, ja, ja, ja” sonríe y le pasa la cólera.

Minutos después, se dispone extraer el jugo de naranjas que tanto deseaba. Lava las unidades y las secciona en dos mitades. La extractora se llena con seis o siete unidades grandes y con ocho o diez unidades pequeñas. Muchas de las naranjas están envueltas con una capa negra del hongo fumagina, mayormente las pequeñas. Pero, el veinte por ciento de las naranjas grandes carece de jugo, tienen la pulpa seca, con cáscara gruesa. De nuevo la cólera del viajero comienza a encenderse y se dice: ¿Por qué esa chica tiene que venderme frutos secos, que no sirven? ¿Acaso yo la pagué seis nuevos soles para frutos pequeños y con dinero inservible para que me venda naranjas grandes sin jugo? Luego, con la ingesta del jugo dulce y agradable la rabia se desaparece de nuevo; aunque concluye: “Aunque el jugo es agradable; pero la comercialización no es justa, no es justa”.

Al día siguiente se encuentra en el mercado con un amigo y ambos conversan sobre el tema. El amigo le dice: “El Huallaga central está experimentando la fiesta de la naranja, por la abundancia de la producción. Está muy bien.

Pero, las pequeñas experiencias vividas, son el reflejo de la realidad. ¿Por qué? El regateo de compra a tres nuevos soles por millar, se debe a que el único comprador es el intermediario. ¿Cómo podemos darnos el lujo de preferir el desperdicio de la producción? Ocurre cuando el precio no cubre ni el costo de cosecha. Este caso nos desnuda que la citricultura carece de planificación. ¿Por qué no se aprovecha la producción abundante para procesar en néctares y mermeladas? Lo que pasa, que estas cosechas abundantes no son todos los años. ¿Por qué? Porque la citricultura está abandonada. No se están abonando las plantaciones. Por eso también los frutos son pequeños y muchos de ellos sin jugo, con pulpa como corcho. Ojalá, las futuras fiestas de las naranjas sean mejores.