Fecha: 9 de agosto, 2017 - 4:10 am

Soy hijo de maestros y no soy terrorista


Hola mis queridos amigos y lectores de miércoles nuevamente estamos de vuelta con el propósito de reconocer la labor más importante del mundo de ser “Maestro” soy hijo de maestros y no soy terrorista, más que ello pertenecemos a esa generación que nos confundíamos en los paros y las huelgas con algunas bombas lacrimógenas y las tan conocidas ollas comunes que le pueblo en ese entonces apoyaba. Siempre hemos estado dentro y fuera de la educación. Sin embargo podemos afirmar las acciones de esta generación de dirigentes de los 80 no tienen ninguna comparación de principios y valores profesionales.

Podemos afirmar que aquellos dirigentes de hoy los maestros y dirigentes de hoy de este sistema educativo al parecer solo sirven para cubrir intereses mezquinos de los pseudo políticos de turno. Es más que observable la componenda y las traiciones arteras fueron el común denominador de este grupo de dirigentes en la educación y todo parece indicar que los grupos ideologizados en consignas retrógrados continuarán gobernando en los sindicalizados del Sutep. Se conoce de gestas de lucha heroicas, donde paralizaron la economía nacional de manera contundente y unitaria, pero esos movimientos verdaderamente de clase, ahora no se podrán repetir, porque en cada reducto regional e inclusive distrital se cocinan intereses mezquinos, de igual manera la traición a las justas reivindicaciones es petardeado desde las mismas huestes pro gobiernistas, no entendiendo que los maestros de hoy tienen que tener las mejores condiciones laborales y económicas para volcar sus conocimientos y experiencias a los discentes.

Lamentablemente, las facciones partidarias de los pseudo dirigentes del Sutep hicieron de este organismo sindical una verdadera “olla de grillos”, mientras los dirigentes de una de las facciones llaman a seguir trabajando a favor de la educación a sus colegas, los “disidentes” (tildados como los sutepistas conare) en todos los idiomas tratan de defender su postura al llamar a una gran movilización y una huelga contundente en contra de las políticas educativas implementadas por los sucesivos gobiernos que encarnan el libre mercado, más aún cuando los empresarios de la educación no respetan los mínimos derechos laborales de los profesores, porque estos son explotados peor que en las haciendas.

Teniendo en cuenta a través de la historia recordando la huelga del 79, era una muy fuerte y que todos se acercaban a las calles sin miedo entre las ollas comunes y se sentía el sabor de familia de maestros. Entre estos dichos y entredichos, hoy existen los profesores “oportunistas” simplemente nunca van a las huelgas, en los colegios aparecen para cumplir con las horas y no les interesa si los estudiantes aprendieron o no; entonces, mientras que el caos educativo nacional no sea superado en todos sus niveles y estadios, lamentablemente nuestros profesores estarán denigrados en su profesión.

Ahora bien, los maestros que enarbolan la huelga al parecer no tienen la seguridad de sus peticiones, porque dicen luchar en contra de la educación privatista, pero esos mismos dirigentes tienen a sus hijos estudiando en los colegios particulares de la zona; esos profesores no están dispuestos a ser capacitados o a diversificar los conocimientos de acuerdo a la realidad de cada zona geográfica. Estos maestros que fueron nombrados por el gobierno que lideró Alan García (1985-1990), al no tener formación profesional específica (pues bastó que tengan el carnet de filiación política para ser nombrados como profesores) son los principales escollos que tienen que ser evadidos por los dirigentes sutepistas, caso contrario esta huelga propugnada por el Sutep-conare no pasará de ser una anécdota más de una supuesta lucha reivindicativa. Ahora existen fracciones inútiles del maestro, a pesar que en las aulas enseñamos a la unidad y nosotros como maestros somos el mal ejemplo. Hoy más que nunca existe el maestro esclavo y el maestro burócrata como esos altos funcionarios de la Derrama Magisterial que nunca aportan por nuestro magisterio.