Fecha: 8 de agosto, 2017 - 5:05 am

Cultivar al hombre

Las personas estamos tan ocupadas en nada, que no dedicamos algún tiempo para nosotras. No tenemos ni idea del valor del tiempo en nuestra vida. Mucho nos preocupamos en planificar en hacer el mal, de hablar el mal, de pensar mal, de otras personas. Los directores de novelas y de películas cogen estas actitudes malas para hacer muy amenas sus producciones. Los lectores, los televidentes y los asistentes a las salas de cine, se sienten satisfechos de gozar de maldades novelescas: La infidelidad, al que mata a más personas, al mentiroso, al que pega más y mejor. Estas actitudes de irrespetuosidad, de maldad pura, se están replicando en la vida real: en las calles, en los hogares, en las ciudades, en los centros rurales. El desarrollo de la vida humana parece que fuera normal, como si los designios naturales tuvieran estas estructuras protocolares. Cuando en realidad, la vida humana de ahora se está animalizando, está regresando a los tiempos canibalescos, donde no importa alimentarme de otro ser humano con tal de saciar el hambre. ¿Cómo se explica que alguien que ha llegado a la máxima magistratura de una comunidad, que todo su accionar esté relacionado a la acumulación de dinero, sin importar la gente pobre o el resto del pueblo?

Simplemente se ha perdido el sentido de un ser racional. Se tiene entendido que la filosofía es el uso o ejercicio de la racionalidad. En la actual sociedad existe la imperiosa y urgente necesidad de emplear la filosofía. Así como hicieron los griegos hace más de dos mil años, cuando ha comenzado a despertar el interés de conocerse asimismo como ser humano. La racionalidad es la característica específica que distingue al ser humano de los demás animales. El hecho de agredir, de robar, de violar, de asesinar a otra persona, hace entender a las luces que el actual ser humano ha perdido la racionalidad o ella va en franca desaparición. Al perder la racionalidad, el ser humano se animaliza. La racionalidad humana es pues la capacidad de obtener conocimientos concretos y abstractos; luego estos conocimientos deben ser analizados para luego utilizarlos de manera apropiada en solucionar problemas.

Cuando nace la filosofía, se rompe el mito del ser, del conocimiento, y nace una nueva forma de interpretar la realidad, desde un plano teórico y práctico; por eso la filosofía tiene dos dimensiones: Teórica y práctica. La racionalidad teórica tiene como objeto el conocimiento de la realidad: ¿Cómo es el mundo? ¿Cómo es el ser? Explicar lo que existe y formular juicios y raciocinios. Esta permite acceder a la realidad desde dos tipos de conocimientos: El sensible y el intelectual. En cambio, la racionalidad práctica, es el conocimiento que conduce a la acción, determina qué hacer y se expresa a través de imperativos. Estudia la acción humana dirigida hacia un fin, de manera individual (ética) o social (política). No son dos tipos diferentes de razón; sino una sola razón que ejerce funciones distintas y complementarias. Toda teoría revierte a la larga en la praxis; y toda praxis hunde sus raíces en la teoría. La sociedad está conformada por familias y éstas por los padres e hijos. ¿De dónde proceden los seres humanos que delinquen, asesinando, robando a seres individuales y a la sociedad plena? Estas personas provienen de las familias ¿Qué está pasando con las familias? ¿Por qué como país organizado en estructuras gubernamentales, no se enfoca a la familia, para desde allí presentar planes que conducen a la vida en paz de la sociedad? La familia es como una cepa, donde se forman individuos, seres humanos, de donde todos deben emerger a la sociedad para hacer el bien, con suficiente moral. Entonces, es allí, en la familia, donde se debe cultivar al hombre, con todos los conocimientos, los sentimientos y el sentido común. La acción individual debe ser correcta, cargada de bondad. ¿Cómo se garantiza el adecuado cultivo del hombre en el seno familiar? En el centro del hogar, debe estar Dios, para que con su misericordia, inunde de amor y cumpla la sagrada misión de amalgamar a las personas del hogar. Mientras hay ausencia del Señor en la casa, la vida familiar es mundana, los padres viven con sus preocupaciones mundanas que nunca tienen tiempo para conversar con sus hijos. Peor, para abrazarlos, besarlos y decirles que les quieren. Si bien el ser humano es por naturaleza sociable y política; empero, son pocas las que cultivan en sus estructuras lógicas la acción política como forma de vida. La presencia de seres humanos dedicados a la política es buena y necesaria, porque son ellos los que tienen la inmensa tarea de encabezar el peso administrativo del país. Pero, la acción política también se cultiva, así como se cultiva al hombre para ser bueno. El resultado adverso del accionar político de algunos individuos en los últimos tiempos, se debe a la carencia formativa, se dedican al accionar político por circunstancias sociales, no porque han sido formados en el campo político, y sus acciones son respuestas de gérmenes adquiridos en el seno del hogar o en el camino de la vida; es decir, hombres que no fueron cultivados para verdadera la política.