El fujimorismo no cambia


Fuerza Popular, como ahora se denomina el fujimorismo, bajo el mando de la hija del ex dictador, Keiko Fujimori, en las elecciones generales del 2016, obtuvo el 36 % de los votos congresales, consiguiendo, por el absurdo sistema de la llamada cifra repartidora, obtener 73 congresistas en el Parlamento.

El fujimorismo es un movimiento de extrema derecha, cuya principal característica es su pragmatismo político, es decir, que de acuerdo a diversas circunstancias resuelve de modo distinto, buscando obtener resultados sin cuestionarse demasiado sobre los métodos para obtener un beneficio.

Se caracteriza por su conservadurismo social, así como su fuerte oposición a grupos de izquierda y socialistas. El fujimorismo fue y sigue siendo responsable de graves violaciones a los derechos humanos. Lo cierto es que a un partido político que gobierna usando la corrupción no le interesan las instituciones. En el fondo el fujimorismo es el mismo. ¿Acaso Martha Chávez no es ahora asesora de la congresista Rosa Maria Bartra, miembro conspicuo, como la misma Martha, del siniestro Opus Dei, al que pertenece el no menos siniestro cardenal Cipriani.

El clientelismo es una estrategia política para el fujimorismo y se supone que no es legal ir regalando cosas. ¿De dónde saca la plata Keiko Fujimori para todo eso?La prepotencia y violencia son parte del ADN del fujimorismo. Siempre han tenido actitudes antidemocráticas, autoritarias y violentas. De hecho, otra forma de violencia fueron las detenciones masivas en los noventa. Con leyes antiterroristas metían a las cárceles, no necesariamente mataban.

Su apellido levanta pasiones especialmente en los sectores populares, que atribuyen a su padre el fin del terrorismo y de la crisis económica que atravesó el país en los 80. Pero también genera un fuerte rechazo entre quienes no olvidan por qué el expresidente, que gobernó de 1990 a 2000, está en prisión.

Alberto Fujimori fue un gobernante autoritario que abusó de las instituciones para conservar su poder y que huyó a Japón por un caso de corrupción sin precedente en el país. Fue condenado en 2009 por las matanzas de Barrios Altos (1991) y La Cantuta (1992), donde 25 personas murieron a manos de un grupo militar encubierto, y por el secuestro de un periodista y un empresario en 1992.

Siempre que se hace el tránsito moral se llama errores a los crímenes. Pero no fue un error, el fujimorismo no cometió errores; las maletas de dinero que envió Fujimori a Japón con su cuñado el embajador no fueron un error. Mucha gente de su equipo lo era del equipo de su padre, así que eso genera ciertas resistencias en muchos sectores de la sociedad que tiene malos recuerdos de los años en los que hubo violaciones de derechos humanos, mucha corrupción y un ambiente muy polarizado.

Los jovenes que la apoyan son aquellos cuyos padres les contaron lo que se vivió en los años del terrorismo y que Fujimori fue el mejor en terminar con ese flagelo en que AP y el APRA fracasaron. Por eso la siguen fielmente y son el pilar en los que ella se apoya. La intención de Keiko de motivar a los jóvenes es insistir con gente que no tiene memoria política de lo que fue el gobierno de su padre.

Los partidos ex autoritarios normalmente no tienen una mayoría, pero sí conservan cierto nivel de apoyo de sociedad que les sirve de piso electoral. Muchas veces mantienen redes que ayudan en la organización y de eso se trata el fujimorismo. El fujimorismo nunca fue muy fuerte, no es muy grande, pero los demás partidos han colapsado.

Uno de los temas que más suspicacias levanta en la actualidad es la posibilidad que se le conceda el indulto a su padre. Para ello, los fujimoristas en el Congreso presionan al gobierno y lo amenazan con censurar ministros. Es algo moralmente aberrante. Si Kuczynski cede a las presiones, que son cada vez mayores, tendrá que pagar un alto costo político que le puede costar la presidencia.