Fecha: 19 de Abril, 2017 - 5:38 am

El día en el que Fernando Belaúnde mandó a matar a cientos de nativos

LO QUE LA HISTORIA OLVIDA

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HORRENDO. Un hecho que no debe quedar en el olvido colectivo

Este articulo, fue mostrado por este diario hace un año, no obstante por su importancia, lo recordamos, para que la historia no sea un ejercicio de olvidos colectivos. Trata acerca de una masacre a una comunidad nativa, en la que se pusieron de acuerdo, gobierno, transnacionales e incluso una potencia extranjera que no dudó en bombardear a los matses. A continuación, lea y no olvide.

Uno de los hechos que más violentan la historia y la memoria en nuestro país, es el crimen cometido en el gobierno de Fernando Belaúnde Terry, contra los indígenas Matses en el Alto Yavari.

Stefano Varese, un extranjero en la zona, así lo narra:

“El presidente Belaúnde ordenó personalmente a la Fuerza Aérea del Perú bombardear y ametrallar las aldeas de tres de los cuatro clanes de los indígenas mayoruna (matsés) del río Yaquerana. (…) El bombardeo de los indefensos hombres, mujeres y niños matsés fue presentado por la prensa nacional como una acto de heroismo de los pilotos de la fuerza aérea peruana luchando contra los brutales salvajes que se oponían al progreso del país. La verdad detrás la propaganda de los medios era que los indígenas mayoruna estaban en el camino de algunas pocas compañías madereras nacionales y transnacionales”.

Otro detalle rescatado por el periodista y escritor Ricardo Virhuez es que estos hechos fueron la primera intervención de una potencia extranjera sobre nuestro territorio, ya que aviones norteamericanos llegaron hasta nuestro país, en la región Ucayali, para lanzar napalm sobre las comunidades nativas. Todo por el rapaz interés de los inversionistas, con la venia del pontificado Fernando Belaúnde.

En aquel entonces, los indios eran, como quisiera Alan García Pérez en el presente, poco menos que ciudadanos de tercera clase. La revista Caretas, en otro crimen periodístico esta vez cometido por César Lévano, llamaba a los nativos como bárbaros. Titulaba: “Selva trágica” (como el libro de Arturo Hernández). Agregaba a aquello el subtítulado de “A sangre y fuego, civilización y barbarie se disputan un territorio en que hasta ayer campeaban la vibora y el tigre”. “Después de un largo asedio, una operación brillante”. “El helicóptero rompió la ley de la selva”. “Ni la muerte los detuvo”. Esos son los otros títulos. “Los indios mayos remos, más sanguinarios que cualquier piel roja del far west”, dice entre barbaridades que son capaces de arrastrarnos a la congoja y la lágrima, otra línea de un artículo que describe fielmente el otro salvajismo, el de los criminales occidentales, entre los que se cuentan los gobernantes de entonces.