Fecha: 17 de Febrero, 2017 - 6:02 am

Una luz para Venezuela

juegodetronos

Las últimas medidas del gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela contra los medios de comunicación opositores significan para la patria de Bolívar el final de una larga etapa de intensos desencuentros entre el sucesor de Chávez y una oposición desesperada por retomar el gobierno en los términos que ellos entienden como democráticos. Sin embargo, Maduro y su grupo resultaron huesos duros de roer y luego de varias escaramuzas, a pesar de la aplastante mayoría que obtuvo la oposición hace un año en la Asamblea Nacional, no les ha sido posible avanzar ni un milímetro para retomar cuotas de poder.

Todo lo contrario, Maduro ha demostrado ser un buen discípulo de Fidel Castro y de Chávez, pues aún cuando su nivel de aceptación en Venezuela es muy bajo, sin embargo ha sabido conservar el poder que heredó de Hugo Chávez y asumir todas las riendas del mismo, dejando a la oposición venezolana y a la asamblea nacional que la representa en una situación de total orfandad.

A pesar de los buenos oficios del Papa Francisco para reiniciar el diálogo entre la oposición y el gobierno, no se ha podido encontrar una vía de solución que muestre una luz al final del túnel en que está sumida la nación llanera. La posición del Secretario General de la OEA, Luis Almagro, sólo ha servido para que Maduro tenga más elementos que justifiquen su política dura. Incluso el cambio ideológico y político en los gobiernos de Perú, Argentina y Brasil, que han sido muy críticos con el gobierno venezolano, sólo ha ratificado la vocación de Maduro de no ceder ningún espacio para que la oposición pueda avanzar en sus propósitos. A estas alturas todas las luces de una salida democrática negociada parecen haberse apagado.

Invocar la Carta Democrática de la OEA como instrumento de presión, tal como lo ha planteado Almagro, en un momento en que los EEUU, bajo la administración Trump, se han cerrado a cualquier medida diplomática que haga posible un diálogo entre las partes en conflicto, no hace más que confirmar que para Maduro, Trump es una alternativa más viable en sus propósitos que lo que fue Obama. El gobierno de USA no tiene ni las ganas ni las posibilidades de apoyar un cambio para estabilizar la situación, lo que ha envalentonado a Maduro y sus partidarios. Lo que se avizora para el pueblo venezolano es la posibilidad de una guerra civil con una represión sangrienta, lo cual sería sería una tragedia para la democracia en América Latina.

La única solución viable en esta coyuntura es la mediación directa de una institución con un prestigio internacional intachable y bien ganado como la Fundación Carter, que en el pasado ha sido de gran utilidad para la solución de conflictos de naturaleza ideológica entre posiciones recalcitrantes. Un buen ejemplo es el acercamiento de los EEUU a Cuba gracias a la avanzada que significó la acción de este organismo fundado por el ex presidente de USA Jimmy Carter y que ha sido en varias ocasiones la luz para iluminar oscuros momentos en varios países latinoamericanos.

La Fundación Carter es la única institución no gubernamental en el continente americano que goza del respeto tanto del gobierno como de la oposición venezolanos, así como de la comunidad internacional, y ha sabido conservar su independencia y objetividad en momentos difíciles como en las elecciones presidenciales del 2013 y las legislativas del 2015. La autoridad moral de la Fundación Carter emana de la personalidad intachable del mismo ex presidente de USA, que sigue siendo un referente sustancial para la democracia en el continente.

Indudablemente que a su edad -93 años- y después de superar un cáncer invasivo, la influencia moral y política de James Earl Carter se ha fortalecido. Esto le da la posibilidad para ser un excelente mediador que evite la radicalización del gobierno y la oposición venezolanos, pues el respeto que concitan sus palabras y las acciones de su Fundación trascienden a su misma persona en el tiempo y es la única luz que podría ser la guía para un país que parece estarse sumiendo en las tinieblas del autoritarismo y la anarquía.