Señores trios, acepten su penosa realidad

 Señores trios, acepten  su penosa realidad

Por: Ricardo Quevedo Ramírez
COLUMNISTA

La política armamentista como tal del MRTA; la política ideológica como tal de este movimiento y su política propagandística, de la forma como ocurrieron en la década del noventa, pasó a planos de insignificancia, no porque la mayoría de sus cabecillas están purgando el castigo de la cadena perpetua, tampoco porque el fujimorismo de aquella década dictatorial tuvo algo de mérito. Pues las condenas vinieron después, ellos jamás lo hubieran hecho y se engalanan ahora en decir que vencieron al terrorismo. Lo dicen cuando de por medio están los intereses políticos; pero también afirman que está volviendo a aparecer este grupo armado cuando se sienten derrotados y quieren buscar justificaciones para meterse una vez más a la rueda política para el 2016.

El MRTA y el mismo SENDERO LUMINOSO, jamás buscaban para atentar o matar pequeños objetivos, o jamás buscaban personajes que no tenían las decisiones de las grandes responsabilidades políticas macro regional o nacionales; buscaban a aquellos que manejaban los grandes poderes económicos y los que tenían las grandes decisiones políticas nacionales.

Para aquellos grupos armados estos eran sus grandes objetivos; claro, cuántos alcaldes, cuántos periodistas y cuántas personas civiles e inocentes fueron también las víctimas, pero estaban ya enmarcados en otras circunstancias que el pueblo nacional en su conjunto no los podía entender, ni comprender, ni mucho menos perdonar. Por ello se ganaron el rechazo y repudio de todos los peruanos, y por ello la justicia a sus cabecillas y demás cómplices, sin mayores dilataciones jurídicas, les abrieron proceso y les dieron la condena que se merecían.

Y venir ahora un congresista, Rolando Reátegui, únicamente buscando notoriedad, porque es incompetente conseguir la popularidad por medios legales o con argumentos que le dignifiquen como parlamentario nacional (porque de dignos representantes no hay ni uno solo).

Este congresista buscando ser escudero de un alcalde devaluado y que perdió ya todo el prestigio de un distrito tan fuerte como la Banda de Shilcayo, qué intereses puede tener en este alcalde, más que defender sus propios intereses a través de sus grandes cadenas de farmacia, pero que éstos al mismo tiempo vendrán en picada por la fuerte competencia que enfrentará, pues próximamente llegarán a Tarapoto grandes consorcios nacionales e internacionales, que la INMACULADA quedará tan pequeña para lidiar, tan pequeña para competir y tan pequeña para seguir existiendo.

El famoso psicosocial ya no los cree ni el pueblo más indefenso. Actitud política ésta que fuera permanentemente practicada por el fuji-vladimontesinismo, y que erróneamente quisieron resucitarlo los tres socios(Luís Neira, Carlo Magno y Rolando Reátegui) de una política totalmente fracasada y que está ya en camino a desaparecer, pues al jefe que le tienen como a un dios, más que a un caudillo; que le tienen como el imprescindible, más que lo necesario, el actual gobierno humalista le acaba de negar el tan ansiado indulto, que lamentablemente se conoce en el Perú como “gracia presidencial”.

Así como ACCIÓN POPULAR, sin Fernando Belaúnde se fue de picada, el APRA sin Alan García, también se irá de picada; lo mismo el fujimorismo sin Fujimori, hace ratos que está ya desaparecido. Claro, hay gente que aún respira recuerdos nostálgicos de un fujimorismo con Fujimori que afirmaba ser pragmático en todo orden de cosas. Ciertamente lo fue, y sobre todo con lo delictivo, apoderándose del Estado para sus peores apetitos de enriquecimiento ilícito.

Por esto, y no por lo pragmático hacia lo bueno, fue condenado y ratificado su castigo a través de una negativa de indulto, si se quiere entender así como la consolidación de un castigo, y que aún quedan otros cargos judiciales pendientes para su respectivo proceso y sanción. Uno de los casos pendientes viene desde Chile, país que pensó un equivocado Fujimori que le iban a pasar por alto sus crímenes de lesa humanidad.

La vida política es una guerra, pero una guerra bien ganada te lleva al sitio del poder con mucho mérito; pero una guerra política sucia y mal dirigida con psicosociales trasnochados, no sólo es un desmérito, sino también una vergüenza, una derrota y una triste humillación de lamentable resignación, que esto es ahora su penosa realidad que tienen que aceptar, señores tríos.

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