La ordenanza ambiental que estamos esperando

 La ordenanza ambiental que estamos esperando

a través del cristal
Willian Gallegos Arévalo
Columnista

Creo que todos los sanmartinenses estamos convencidos que debemos involucrarnos como actores dinámicos en la responsabilidad social ambiental. Que es un tema ya viejo, podrían decir algunos. Cualquier idea que se lance sobre el asunto simplemente no aterriza, dirán los expertos y expertas. Con los privados no podemos meternos y ni obligarlos a que cumplan la normatividad ambiental porque primero debemos conversar (pedirles autorización) a ellos, podrían seguir diciendo los expertos y expertas. Total: aquí no passsssa nada.

Una reciente percepción del arquitecto Aldo Facho Dede, quien acaba de visitar la ciudad, es “el fuerte impacto ambiental de la tala indiscriminada de la flora nativa para generar superficies cultivables”. Ahí está, también, la fiebre urbanizadora. Y por doquier vemos que no se tiene en cuenta el tema ambiental relacionado con los espacios públicos, tocado en esta columna, y que al alcalde de la ciudad pareciera no interesarle, y menos a los regidores. Se construyen centros habitacionales sacándole el jugo al último espacio disponible y sin respetar las fajas marginales. Se instalan cultivos hasta el mismo borde de las carreteras y caminos. ¿Quién para este desmadre?

Ante tanta inercia, los colectivos y gremios profesionales deberían estar impulsando procesos para crear una conciencia sobre la responsabilidad ambiental. Además de las normas generales ya existentes precisamos de una regional que ayude a “aterrizar”, aunque pareciera imposible esperar que se promulgue alguna ordenanza regional como inicio de una práctica ambiental saludable que signifique mejorar la calidad de vida de los ciudadanos como parte del compromiso con el futuro y el respeto a la presente generación.

Pretender también que una iniciativa sobre el tema nazca de algún alcalde es como esperar que los chanchos vuelen; y no es que los alcaldes sean unos marrulleros; son más bien individuos que no tienen horizontes claros para saber qué es lo que realmente quieren, y no miran más allá de sus narices. En los espacios libres que todavía disponemos construyen urbanizaciones, centros comerciales, parques industriales. Ese es el peligro que se cierne ahora con los aeropuertos de Rioja y Yurimaguas. Cemento y más cemento. Un ex alcalde tarapotino amenazó en urbanizar la sede regional de la Dirección Regional de Agricultura, en Tarapoto, que es uno de los pocos espacios urbanos con vegetación que quedan.

Por culpa de la falta de voluntad de los funcionarios las políticas públicas en el tema ambiental diseñadas con claridad por el Gobierno Regional no se han implementado. Posiblemente sea problema de la clase de funcionarios que tenemos y que solo nos venden cuentos chinos. Aldo Facho, refiriéndose a Tarapoto, reflexiona y llama la atención en el sentido que la autoridad “no se haya preocupado de normar la sombra como elemento significante en la arquitectura; los aleros son pequeños y no alcanzan para proteger a los peatones”.

Hay un proyecto de Ordenanza Ambiental que espera. A partir de ella solo nos quedará involucrarnos para dejar a nuestros nietos el disfrute de una naturaleza pródiga que esta generación todavía tuvo la suerte de gozarla. La empresa privada no tiene ningún derecho para destruir el paisaje y robarnos la libertad de disfrutar de una naturaleza plena. En nombre de la sacrosanta libertad de empresa no pueden seguir jorobándonos, aprovechándose de la permisividad, indolencia e indiferencia de los funcionarios ambientales. Necesitamos una nueva filosofía jurídica que articule los conceptos de la libertad, los derechos de los ciudadanos y su relación con la propiedad privada y el medio ambiente. La naturaleza y el paisaje natural pertenecen a todos. En nombre de lo privado ningún jijuna debe afrentar los derechos de los demás. (Aquí hay un tema para el alcalde de Morales).

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1 Comentario

  • Comparto muchas de tus acertadas inquietudes William y lamento como tú la increíble indiferencia e incapacidad de nuestras organizaciones políticas y profesionales para afrontar un tema tan vital con seriedad con la que se debiera. No queda sino seguir usando estos espacios como foros de discusión.

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