País Anético

 País  Anético

Estado de opinión

Marcelino Arévalo

@marcel_arevalo

Si creemos que el tema de la corrupción es lo más grave que le puede ocurrir a nuestro país, cada vez estoy más convencido que ese no es el problema, pues quienes están inmersos parecen no tener ya conciencia que lo que están haciendo está mal y la percepción que lamentablemente va ganando cada vez más terreno, es que sin corrupción la democracia no es posible.

Honrosas excepciones parecen librar una batalla que nos da la sensación de que la derrota es inminente y solo estamos a la espera de ver relamiéndose a quienes hoy enfrentan serias acusaciones de todo tipo de comportamiento antisocial, sin el más mínimo remordimiento y peor aun haciendo gala de que con ellos no es el problema.

Cuando Yehude Simons fue puesto en libertad por el gobierno de transición, nunca se imaginó que formar parte del hipercorrupto segundo gobierno de Alan García, le iba a significar años después sentirse un títere más de los tantos que pasaron por el gabinete, utilizando su condición de indultado para estampar su firma en lo que hoy se conoce como la ley de los narco indultos, que permitió la libertad de delincuentes en una clara demostración de lo que puede ser capaz un gobierno carente de ética.

Hoy el señor Toledo sale a defender lo indefendible incapaz de aceptar una responsabilidad por lo menos política que le toca en una transacción inmobiliaria por decir lo menos oscura y escabrosa, que a todas luces da cuenta de un ocultamiento de dinero mal habido en donde por cierto son parte de la danza de millones, todo tipo de personajes incluidos los de la banca internacional, prominentes abogados que utilizando la ley miran la techo para intentar pasar “piola” el tema ético al utilizar personas humildes en la constitución de empresa millonarias.

Ni que decir del grupo fujimontesinista, que acusa al régimen actual de prácticas montesinistas, que por cierto jamás mostraron un ápice de remordimiento por todo el daño moral que un régimen autoritario ha causado a la democracia y hoy pretenden mostrarse como los adalides de la moral y las buenas costumbres. Eso solo puede pasar en un país que parece haber renunciado al sentido común.

Y para completar la escena de los grandes grupos políticos, esta la del gobierno, que si bien parece tener el beneficio de la duda, son más las posibilidades de lo que se ha llamado la reelección conyugal, permitida por ley pero impedida por la sensatez, de saber que así la ley no lo prohíba, sí el freno de la ética lo hace y con mayor energía, pero no parecen o no quieren darse cuenta que nuestro país ha elegido la democracia y no una monarquía.

La política peruana es una fiesta de carnaval veneciano, con máscaras, donde nadie sabe quién es quién, con promiscuidad, donde la señora sale encinta y no sabe de quién, ha dicho Cesar Hildebrandt en una de sus últimas entrevistas, y todo esto tiene un origen, hoy nos hemos olvidado de que existe un freno a la ley y se llama ética, existen cursos de filosofía deliberadamente extirpados de la curricula escolar, en ese contexto han crecido se han desarrollado y reproducido los políticos de hoy, todos parecen tener necesidades que ni el propio Maslow podría explicar

Mientras en un país normal la satisfacción de las necesidades está en el desarrollo pleno que vuelca en filantropía, en nuestro país parece que las necesidades son inconmensurables la carrera es por quien ostenta más poder de bajo nivel, que conseguir una vida plena y feliz.

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