De periodistas y fariseos

 De periodistas y fariseos

La voz del editor

Por: Lenin Quevedo Bárdalez

Ver pecadores en la Iglesia golpeándose el pecho, es algo sumamente común. Arrodillados se arrastran hasta el altar en el que descansa la imagen de Cristo y lloran por el dolor ajeno, sin reparar en los males que acostumbran generar a partir de sus acciones.

Ver comunicadores que se santifican, que se señalan como los más preclaros y escucharlos acusar a otros de extorsionadores, golpeándose el pecho por las supuestas malas acciones de otros, cuando por lo bajo reciben dinero para discriminar información es otro mal común.

Ver a autoridades que hacen negociados para que la opinión así se administre es también indignante. Ayer escuché un comentario lanzado por un periodista en el que se cuestionaba la labor de los medios de comunicación a la hora de lanzar críticas en contra de autoridades y pedía que alguien los controle, pues no tienen freno.

Muy preocupado el periodista, pedía incluso que sea la fiscalía o el Poder Judicial que interpongan sus buenos oficios cuando se investiga hechos que coyunturalmente interesan a la comunidad, esto, de hecho, sucediendo en la capital de la región.

Además de decepcionarme la labor de dicho periodista, esa manera facilista de decir que se destruye una ciudad cuando se denuncia los hechos irregulares cometidos por autoridades, me parece tan igual o peor a la de esos pecadores que se golpean el pecho en la iglesia sin darse cuenta, en este caso, el mal que ocasionan a su comunidad con esa actitud.

Ver pecadores en la Iglesia golpeándose el pecho, es algo sumamente común. Arrodillados se arrastran hasta el altar en el que descansa la imagen de Cristo y lloran por el dolor ajeno, sin reparar en los males que acostumbran generar a partir de sus acciones.

Ver comunicadores que se santifican, que se señalan como los más preclaros y escucharlos acusar a otros de extorsionadores, golpeándose el pecho por las supuestas malas acciones de otros, cuando por lo bajo reciben dinero para discriminar información es otro mal común.

Ver a autoridades que hacen negociados para que la opinión así se administre es también indignante. Ayer escuché un comentario lanzado por un periodista en el que se cuestionaba la labor de los medios de comunicación a la hora de lanzar críticas en contra de autoridades y pedía que alguien los controle, pues no tienen freno.

Muy preocupado el periodista, pedía incluso que sea la fiscalía o el Poder Judicial que interpongan sus buenos oficios cuando se investiga hechos que coyunturalmente interesan a la comunidad, esto, de hecho, sucediendo en la capital de la región.

Además de decepcionarme la labor de dicho periodista, esa manera facilista de decir que se destruye una ciudad cuando se denuncia los hechos irregulares cometidos por autoridades, me parece tan igual o peor a la de esos pecadores que se golpean el pecho en la iglesia sin darse cuenta, en este caso, el mal que ocasionan a su comunidad con esa actitud.

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