sábado, enero 22, 2022
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El ladrón resultó siendo teólogo

Voces del Cristianismo 

Por: Alexander Sifuentes Rossel

¿Quién lo hubiera imaginado? El ladrón confesó ser también un teólogo. No me refiero a alguno por allí que dice ser estudioso de la Biblia pero que la contradicen con su vida, que se lucra con la fe y la religión. Me refiero a uno de los ladrones que fue crucificado junto a Jesús, sentenciado como tal, pero teólogo al fin, porque en sus palabras evidencia un conocimiento y una fe muy superior de los doctores de las Escrituras Sagradas de aquel entonces; y porque no, de algunos teólogos de hoy.

Según el testimonio de Lucas*, uno de los dos ladrones le increpó a Jesús del porqué no se bajaba de la cruz y los libraba también a ellos, si es que en verdad era el Hijo de Dios. Esto le hizo merecedor de una reprimenda por parte de su compañero “el teólogo”, quien desde el otro extremo le responde: “¿Ni siquiera estando en esta condición temes a Dios? Nosotros por nuestras culpas estamos aquí, lo merecen nuestros hechos. Pero este hombre no hizo nada.” Y hablándole luego a Jesús le pidió: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino”

Veamos las grandes verdades que el ladrón declara conocer en sus tan pocas palabras:

1. Declara sus propios pecados. Se confiesa pecador, y lo hace sin pretextos ni echarle la culpa a otros. Él sabe perfectamente que merece ser castigado y está arrepentido.

2. Declara la justicia de Jesús quien no merece estar colgado juntamente con ellos. A diferencia de él, es inocente, un hombre justo, bueno, un digno Hijo de Dios. Y aún más, desde la cruz oró por sus asesinos.

3. Declara que Jesús no es un simple hombre. Ya había oído de sus milagros, su poder y autoridad predicando acerca del reino de Dios. Ahora un cartel sestaba sobre su cabeza decía que era el “Rey de los judíos”. Era el Mesías prometido en las Escrituras, es el Cristo.

4. Declara que Jesús volvería a pesar que verlo colgado de una cruz agonizando al igual que él. Pero su deducción es simple: Si ha resucitado a otros, ¡cómo habría de quedar muerto! Si es el Mesías, entonces el resucitará y reinará.

5. Declaró su total confianza en Cristo. Es un teólogo con fe porque cree que él es capaz de resucitarlo también a él cuando vuelva en su reino. Y esto, a pesar que es pecador; a pesar que fue un despreciable maleante y asaltante, sabe que el Hijo de Dios puede perdonarlo y recibirlo.

Las palabras de Jesús confirmaron sus deducciones: “De verdad, de verdad te digo: Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Podía ahora morir en paz. Su vida no acabaría con su último suspiro. Es cierto que no tuvo la oportunidad de hacer buenas obras para “ganarse” la vida eterna, ni tuvo tiempo de bautizarse, ni asistir a una iglesia, sólo se arrepintió y puso su fe en Jesús. Creyó. Por supuesto que si se libraba de la muerte hubiese hecho eso y muchas obras más. Así, el ladrón experimentaba lo que más adelante los teólogos estudiarían en soteriología como la “Justificación por la fe”. Y no lo aprendió en una clase, ¡se lo dijo el mismísimo Jesús! No quedó escrito en su cuaderno de apuntes, ¡lo estaba viviendo!

¿Y el otro ladrón? La Biblia no nos dice nada más de él. Pero como propuso alguien, quizás, al oír semejantes declaraciones, al ver que el sol se oscurece a medio día, al oír que Jesús perdona a sus enemigos, que ora a su Padre, que entrega su espíritu. Quizás al ver el terremoto que le siguió a su muerte, ver que su “colega” llorar de alegría… quizás, quizás, en su corazón, antes de que le quebraran las piernas, pudo también arrepentirse y creer.

La teología es el estudio acerca de Dios. Pero hay quienes estudian mucho y no tienen una relación con él. Así, la teología sin amor, sin fe ni arrepentimiento ha hecho (y hace) mucho daño a la Iglesia y al prójimo. Por otro lado, personas despreciadas por la sociedad y la religión, como el ex ladrón de esta historia consiguen alcanzar la paz, el perdón y una relación vital con Dios. Son “teólogos” porque necesitan encontrarlo. Y Dios está cerca de todos los que son como ellos.

 

*Evangelio de Lucas capítulo 22, vs.33 al 43

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