lunes, junio 27, 2022

El Estado Canalla y la Democracia Estéril

En más de una ocasión, desconcertado, el ser humano experimenta una extraña sensación. Algo inexplicable, una súbita alteración de la percepción tal vez, le hace pensar “esto ya lo he vivido”. Un ‘déjà vu’

En el Perú, el ‘déjà vu’ puede ser catalogado como un fenómeno sociológico, cortesía de la exclusión que ha definido a nuestro país desde su fundación. Un fenómeno que se acentúa en regiones como San Martín, que parece estar condenada a sufrir eternamente por una incomprensible escasez de agua y un servicio eléctrico deficiente, además de una paupérrima cobertura en salud y educación.

¿Hasta cuándo seguirá tolerándose una promocionada descentralización que solo existe en el papel? Porque, vamos; ¿qué tanto han cambiado las cosas desde que empezó el “proceso descentralizador” y se crearon, entre otros, los gobiernos regionales? ¿Acaso no sigue muriendo gente por el simple y crudo hecho de no lograr acceder a un hospital capitalino? Fuera de Lima y las grandes ciudades, muchos peruanos parecen vivir en el medioevo, sin acceso a servicios básicos y ajenos a cualquier tipo de progreso.

Cuán cándidos fuimos al pensar que algo de esto cambiaría tras una debacle humanitaria como la pandemia, que nos arrebató vidas y oportunidades. Que truncó aspiraciones y anhelos cual factura del destino por lo inverosímil de nuestra eterna contrariedad. La nueva normalidad no tiene nada de nueva: los desgraciados siguen siéndolo sin remedio.

En tales circunstancias, hablar de crecimiento económico es casi un chiste de mal gusto. El Perú ha avanzado, sí, pero ese avance ha sido demasiado tímido como para compensar siglos de indiferencia y exclusión.

Te puede interesar:  Forjando el carácter ético en nuestra sociedad

Resulta risible, por decir lo menos, escuchar a sendos “líderes de opinión” cuestionar al ciudadano de a pie, acusarlo de no valorar la democracia y hasta clasificarlo de “electotarado”. ¿Cómo valorar algo que no funciona? Una democracia que no es inclusiva, sencillamente no es democracia. Una democracia sin inclusión siempre tendrá los días contados.

Aquí nadie está descubriendo la pólvora, es mera lógica elemental. Gente excluida e insatisfecha es gente dispuesta a patear el tablero, a apoyar propuestas radicales sin importar de dónde provengan (da lo mismo fujimorismo o cerronismo, lo importante es la promesa de cambiarlo todo). Irónicamente, la principal amenaza a nuestro endeble sistema democrático es el propio sistema y su aparente desprecio por las carencias de otros en un territorio donde gran parte de la población está inmersa en la pobreza. Un país miserable, desdichado, es capaz de elegir gobernantes miserables, abyectos.

Enfrentar tamaño problema resulta casi quijotesco. Pero es lo que debemos exigirles a nuestras autoridades locales, regionales y nacionales por una cuestión de justicia, una justicia que está tardando demasiado. Solo una genuina inclusión engendrará una nación en donde hasta el momento solo ha existido un Estado prejuicioso, discriminador y canalla.

Artículos relacionados

Mantente conectado

33,028FansMe gusta
3SeguidoresSeguir
1,805SeguidoresSeguir

últimos artículos