jueves, mayo 19, 2022

Cuestión de fe

– Te van a implantar la marca del anticristo

Eugenio me mira fijamente, esperando tal vez una reacción exagerada tras sus rimbombantes palabras. Cual si hubiese revelado uno de los grandes misterios del universo, la impostada gravedad de su voz me resulta hilarante. Por un instante me sorprende su sarcasmo y me dispongo a celebrarlo con una risotada. Segundos más tarde, me sorprende su candidez y solo atino a corresponderle la mirada. Impávido, no emito sonido alguno.

En lugar de disuadirlo, mi silencio parece animarlo a explayarse. Es inverosímil escucharlo hablar de un nuevo orden mundial empecinado en introducirnos el número 666 usando vacunas, supositorios o lo que fuera. Ejecutando verdaderos malabares mentales, entremezcla ideologías políticas, dogmas religiosos, orientaciones sexuales y tecnología genética en absurdos silogismos que conducen a conclusiones de las que Hitler se hubiera sentido orgulloso. Con rostro severo, denuncia una conspiración en la que comunistas, judíos, gays, grandes corporaciones – además de Soros y Bill Gates – se habían puesto de acuerdo para manipular nuestro ADN y así dejarnos infértiles, homosexualizados y enamorados de Nicolás Maduro.

Imagino a Eugenio teniendo sueños húmedos con Maduro y una sonrisa escapa de entre mis labios. Él toma a mal el gesto y me increpa lo irrespetuoso de tal accionar. Ensayando una disculpa, le replico que no pretendía ofenderlo pese a lo ridícula de su disertación. Evidentemente, ello en nada mejora la situación y hoy no nos seguimos en redes. La forma más efectiva de distanciarse en los tiempos que corren.

Recordé esta historia por la mañana mientras leía un artículo que elogiaba “No Mires Arriba”, un largometraje que ya se ha convertido en el segundo más visto en toda la historia de Netflix. Los gritos de Leonardo Di Caprio interpretando a un científico que alerta con desesperación de la inminente llegada de un cometa que acabará con la vida en la Tierra frente a la exasperante estupidez de una humanidad superflua e incrédula han recogido un sinfín de críticas. Pero la crítica de mayor seriedad proviene de la propia película. No dudo que, si fuese cierta la amenaza de un cuerpo celeste “mata planetas”, en efecto no tardarían en surgir los escépticos que “no creen en el cometa” y los que relativizarían el asunto bajo el argumento “cada quien es libre de creer o no”. Actualmente, tenemos a los que “no creen en las vacunas” y los que defienden “la libertad” a costa del bienestar general. Estupidez e individualismo llevados al extremo, convirtiendo hechos concretos en actos de fe.

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¿El cielo está por sobre nuestras cabezas? Depende de lo que cada quien crea. La ciencia, el método científico que nos ha permitido descifrar el cosmos y ha impulsado los avances tecnológicos que nos sacaron de las cavernas ahora son cuestiones solo aptas para creyentes. Creyentes de la observación y comprobación, claro está.

Indubitablemente, los seres humanos le demostramos a la naturaleza que es posible involucionar. Y lo hacemos con vehemencia y complacencia suicida.

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