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viernes, enero 21, 2022
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El Congreso o el espejo de nuestra realidad

En el periodo parlamentario anterior el congresista de APP, Jhosept Pérez Mimbela mentó la madre al entonces presidente Vizcarra, y hace unos días la congresista Patricia Chirinos le dijo al presidente Castillo “váyase al carajo”. Es gracioso que con cuanta facilidad se puede lanzar estos improperios en una supuesta “dictadura comunista” como manifiestan muchos congresistas actuales y sus afiebrados defensores. Me dejó bastante desconcertado esta actitud, ya que muchos dirán que está justificada ante las pocas luces, los escándalos y metidas de pata que se dan constantemente en este gobierno. Un caso similar se dio en Chile, donde la diputada Pamela Jiles insultó al presidente Piñera y ahora afronta una posible multa de un millón de dólares. Pero ya sabemos que en el Perú la Comisión de Ética del Congreso brilla, o por su ineficiencia, o sus preferencias (el caso de la congresista Amuruz que hizo una fiesta de cumpleaños en el pico de la pandemia es el caso más reciente).

Lo que en otros países son casos esporádicos, en nuestro país se está volviendo este modo de hacer política en una constante, lo que, en el fondo es una burla a la ciudadanía. Esto se puede esperar de un fanático que detrás de una cuenta anónima lanza lo primero que se le pase por la cabeza (o lo que le digan) sin tomarse el tiempo de analizarlo.

La congresista Chirinos es el fiel reflejo de lo que somos como país, el poco apego a las normas, la doble moral para criticar la corrupción (todos se “olvidan” de su cercanía a todos los miembros detenidos por corrupción del partido

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Chim Pum Callao) y el nulo interés por dar solución a problemas generales para dar relevancia a intereses particulares de grupo.

Todo ello nos lleva a plantear una real reforma política, donde lleguen al Congreso, e instancias del Ejecutivo, los mejores ciudadanos, y no los mejores conectados –en este caso los mejores financiados-. Ya lo dijo alguna vez la tristemente célebre congresista por nuestra Región, Esther Saavedra: “¡Yo estoy aquí por mi plata, señor!”.

Por todo ello, el Congreso ha perdido credibilidad y ha acelerado este proceso de descomposición en las dos últimas décadas. El problema no es que elijamos mal, sino que la oferta política es paupérrima y esto no cambiará mientras los que hacen las leyes sigan teniendo la sartén por el mango y se siga institucionalizándose la impunidad. Y la frase “este Congreso es peor que el anterior” ya nos sonará tan común y, a la vez, tan desesperanzadora. (Comunicando Bosque y Cultura).

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