Un gesto humano maravilloso, 1

 Un gesto humano maravilloso, 1

Ya les conté que, por consejos de una amiga abogado, llevo un registro de todas esas personas que son dignas de merecer ser parte del Libro Celeste porque fueron y son seres humanos que confiaron en mí y en mi familia. Mi numerosísima familia es parte natural de esta cofradía y aquí no hay excepciones.

El hecho que quiero narrarlos ahora es de la época del Banco Agrario del Perú, cuando me desempeñaba como perito del Banco y el señor José Guzmán Peña era Sub Administrador de Operaciones (SAO). En el Banco, los peritos teníamos un territorio que gerenciábamos, porque así era, en efecto. Y la anécdota data de 1986 y sus consecuencias siempre los llevé y los comenté con mi familia, como ejemplo de decisión y valor humano.

Cierto viernes, después de una jornada de trabajo en la zona de Picota, como a eso de las cuatro de la tarde, unos amigos nos invitaron a tomar unas cervecitas cuando pasábamos por Pucacaca. El chofer del Toyota azul, de seis cilindros, era Claudio Pizango Upiachihua, quien nunca dejaba de estar en las reuniones, con mayor razón cuando se tenía que ´remojar el gaznate´, frase del gusto de don Pepito Hidalgo Ortega, y era ´gratén´ el asunto. Como a eso de las seis de la tarde, considerando que ya era oportuno retirarnos, Claudio agarró el timón del vehículo, y me dijo: “Cumpita, te confieso que voy a tener problemas al manejar porque estoy medio maluco”. Por supuesto, después de dos horas de una intensa libación,

ambos estábamos más que “chaspeados”, y es justo confesarlo. Presentimos que íbamos a tener problemas al regreso, como en efecto ocurrió, porque a la altura del Puerto Sangama, Claudio venía manejando casi como si hiciera cabriolas, y le dije que detuviera el vehículo y es cuando me dice: “Cumpa, maneja el carro, yo estoy borracho y casi que me duermo”. Entonces, agarré la “caña”, a pesar que yo tampoco estaba en mejores condiciones, pero acepté el desafío.

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Al poquísimo rato, Claudio se quedó bien “seco” y me agarró cierta duda y temor porque yo tendría que resolver, a partir de ese momento todos los riesgos que ocurrieran, como que en la bajada del abra, que nos llevaba a Yacucatina, ¡se vaciaron los frenos y ni los gritos que le di a Claudio lograron despertarle! Haciendo acopio de serenidad, mi preocupación fue salir del trecho de curvas hasta llegar al poblado y de ahí, haciendo juego de cambios, llegamos milagrosamente a Tarapoto. A esas alturas ¡me había olvidado que el vehículo estaba sin frenos!, porque cuando quise estacionarme terminé estrellándome acompañado de un ruido y estrépito tremendos, como si hubieran lanzado una bomba. Solo entonces, se despertó Claudio y volviendo en sí solo atinó a decir: “¡ Cumpa, ya nos hemos jodido! ¡El lunes nos despiden del Banco y vamos a tener que pagar por daños y perjuicios. ¡Tú, siquiera eres ingeniero y vas a poder conseguir trabajo!”

Pero en la segunda parte viene lo mejor, amigos. Y no es más que un ejemplo de los valores humanos. ¡Y don José Guzmán Peña es el verdadero protagonista! (Comunicando Bosque y Cultura).

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