sábado, enero 22, 2022
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TIROS Y TROYANOS

¿Somos tiros o somos troyanos? Esta es la pregunta que hoy nos recuerda la irreconciliable enemistad entre dos pueblos de la antigua Grecia.

Pero, ¿por qué esta comparación si el Perú es uno solo? He aquí el asunto. El Perú, lamentablemente, no es uno solo. Por una parte, somos un conjunto de nacionalidades determinadas por nuestra multiculturalidad originarias en un territorio heterogéneo, que el sistema político republicano los miró siempre de reojo, lejos de verlos como potencialidades para el desarrollo; y por otro, somos un país fraccionado entre un Perú visible, sonriente al beneficio de la modernidad occidental, básicamente capitalino, y un Perú invisible, marginal y marginado, víctima del olvido y de profundas desigualdades. Lo cual ha causado la actual polarización política, luego del despertar de este Perú profundo; después de 200 años de letargo, sacudido por la pandemia del Covid19.

La actitud despectiva de la presidenta del Congreso, María Alva Prieto al presidente de la República, Pedro Castillo Terrones, el pasado 28 de Julio, en el acto de su juramentación como tal, no fue una simple actitud aislada y casual, sino un “ahí no más”, francamente racista e intolerante; fiel expresión de esa clase social de los poderes fácticos que ella representa.

Tan poco es caso aislado la oposición ciega e irracional, recargada de odio enfermizo del congresista, almirante en retiro Jorge Montoya, contra quien no piensa como él, que escupe veneno en cada palabra, con rabia de cancerbero de las puertas del averno; conducta tan contradictoria del Caballero de los Mares Don Miguel Grau, que ocupó ese mismo escaño, quien supo ser generoso aún con el enemigo en pleno combate.

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Ni qué decir de Nano Guerra, que, con tota la fuerza de su rabieta e impotencia visceral, jura que “Fuerza Popular será un muro de contención de este gobierno”. Con cuya torpeza fascistoide su partido y aliados ultraderechistas continuarán su labor obstruccionista y perniciosa a la tarea gubernamental; sinimportar dañar las esperanzas de los más pobres del Perú.

Esta es y será siempre
la labor de estos
neocolonialistas, que
utilizan el cliché de la
democracia para oponerse a los cambios que hoy demanda el Perú profundo ante el régimen de corrupción,
impuesto por ellos, a lo largo de 200 años.

Y es necesario aclarar que esta polarización entre peruanos es, realmente, una polarización entre Lima y el resto del Perú; puesto que Lima, centralista y conservadora, siempre se ha impuesto, con su inmenso caudal electoral, a favor de tal o cual candidato oligárquico, en el resultado de las elecciones generales.

Y ¿por qué Lima, si la mayoría de su población es de origen provinciana, básicamente andina?

.Simplemente- digo yo- por la pérdida de identidad del migrante provinciano, que prontamente se alimeñiza y se aliena, al pisar suelo de la gran capital; merced al tipo de educación centralista, impuesta por políticas neocoloniales, que, lejos de contribuir al fortalecimiento de las identidades, nos llevaron siempre a valorar más lo foráneo antes que a nuestras propias raíces; pero reservando sí, y para sí, el derecho a la expoliación y saqueo de los recursos naturales, atentando contra la vida, la salud y el destino de los pueblos.

Por cuyas razones, como consecuencia lógica, he aquí esta polarización política, irreconciliable; en la que no sabemos si somos tiros o somos troyanos; cuya paz solo llegará con el reconocimiento del derecho a la igualdad y la prosperidad de los hombres y mujeres del Perú profundo.

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