País ingobernable

 País ingobernable

Se inauguró un nuevo gobierno en nuestro país y lo que se imaginaba que iba a ocurrir esta siendo superado ampliamente por la realidad, el cambio que todos esperamos, aquel cambio que nos permita dar el salto cualitativo, que ese crecimiento y solidez macroeconómicos por fin se convierta en una verdadera fortaleza haciendo que la distribución de los ingresos se vaya a sectores que nos permitan competitividad global parece que seguirá esperando otro momento.

Por una parte, se ha logrado algo inusitado, las calles limeñas, por ahora, han sido tomadas por una coalición de partidos tradicionales y nuevos que juntos gritan al unísono no al comunismo, pero que en ella se esconden grupos minoritarios que buscan restablecer el protagonismo que tuvieron, incluso algunos que fueron gobierno y hoy sienten la necesidad de sobrevivir aprovechando la crisis de gobernabilidad que ya se está presentado y promete complicarse una vez más.

Este gran sector de la población no solo ha mostrado sus posiciones intransigentes, sino que ha demostrado actitudes antidemocráticas, buscando desconocer un resultado donde las reglas han sido puestas por ellos mismos, los últimos 30 años en el Perú se ha gobernado desde un posición que ha privilegiado a sectores y grupos económicos, priorizando el desarrollo económico a costa de un crecimiento integral y sostenido, donde la pandemia desnudó por completo las falencias de un estado incapaz de resolver los problemas de educación y salud debido a los escasos recursos que les fueron asignados durante las tres décadas de sucesivos gobiernos del mismo corte.

Sin embargo, la inauguración de este nuevo gobierno nos ha traído una primera desazón que poco a poco se va convirtiendo en decepción si es que no se corrige a tiempo, fue un pésimo aterrizaje y nadie ahora puede estar seguro si esta nave podrá levantar vuelo nuevamente. Por un lado, la soberbia de quien al ganar una elección cree que tiene a una mayoría que se ha comprado todo el paquete de gobernabilidad que ofrecen, por otro lado, la improvisación de las medidas tomadas y finalmente la claridad en el liderazgo del gobierno, cuya mezcla de estos tres ingredientes ha generado un cóctel difícil de digerir.

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Siempre he considerado que la política es el espacio de la victoria pública, aquella que corona una trayectoria de vida dedicada al servicio a los demás, es el triunfo del ser antes que, de la apariencia, no se puede cambiar una línea de vida con una declaración de último momento que busca ganarse la confianza de la población, si no llegaste a ser una persona confiable es muy difícil, por no decir imposible, que lo logres al final. Es lo que pasa con el gabinete del ejecutivo donde muchas de esas personas no generan la confianza que necesitamos, dos o tres ministros quizás no sea suficiente y mucho menos si el que los lidera no garantiza la estabilidad emocional tan importante y necesaria en estos momentos de crisis.

La clase política peruana debe enviar gestos a todos los peruanos que nos devuelvan la esperanza en que el país puede ser gobernable, el desagravio a quien tuviera la encargatura de la presidencia de la república, nada costaba permitir que entregara la banda presidencial en a la actual presidenta del congreso, al presidente de Colombia quien no fuera nombrado durante el saludo del presidente previo al mensaje ni su exclusión a participar en la juramentación simbólica en Ayacucho y finalmente que de una vez por todas el presidente Castillo termine por quitarse el sombrero, seria una excelente señal que nos diga que hoy gobierna para todos, que la campaña terminó y tenemos que mirar todos adelante.

 

 

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