Castillo y nuevas esperanzas

 Castillo y nuevas esperanzas

Pronto un nuevo gobierno entrará en funciones y hasta que no se defina, el de Castillo será el gobierno de la incertidumbre o de la esperanza. La tragedia es que su gestión se desarrollará en un país de locos; en una sociedad al que se le engaña y miente fácilmente y con impunidad. En esta sociedad que siempre quiere destruirse sola. ¿Se acuerdan de “El padre Pata”, esa tradición de Ricardo Palma, donde un cura metía miedo a sus feligreses sobre ese bribón de José de San Martín? ¿Recuerdan también eso de ´¡mamita, los chilenos!´? Y el terror del último mes: ´¡está llegando el comunismo!´ Invenciones para meter miedo a tontos, por otros tantos.

Parecía desencadenarse el Apocalipsis; “sesudos” y “ponderados” individuos clamaban aquello de que Castillo debería enviar mensajes para “tranquilizar a los mercados”. El mensaje en verdad era dirigido a quienes siempre han gobernado directa o indirectamente, con las solas excepciones del corto gobierno de Guillermo Billingurst o del de Juan Velasco Alvarado, y se manoseó el término libertad –“quiero seguir siendo libre”, escribían mucho en las redes sociales–. En realidad defendían la “libertad” de quienes siempre han manejado el país. Nunca un país vivió un periodo de franco idiotismo, como no ocurrió ni en el País de los Cocos, de aquella película de Mario Moreno “Cantinflas”.

Pedro Castillo posiblemente sea la imagen de esa persona por quien personas “sensatas” jamás le hubieran dado un voto. Recordemos que en la primera vuelta sacó apenas un 17 por ciento. Sin embargo, una ligera mayoría encontró en él la esperanza para impedir que la representante de una dinastía llegue al poder sin merecerlo. Fue un voto decidido entre el honor y lo espurio. Verónika Mendoza pidió en las elecciones del 2016 votar por PPK, a pesar que el bailarín y flautista la insultó con la expresión: “Una media roja que dice que sabe hacer las cosas y nunca ha hecho nada en su perra vida”. Una posición de honor y dignidad.

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La sociedad peruana necesita un país en el que el Estado se involucre más con la gente. Un Estado más fuerte y que sea el soporte de una comunidad que crea y confíe en él, y no reducido a un rol subsidiario. Hoy, con la Constitución del ex dictador, el Estado es un ente débil y tiene casi que pedir permiso para que intervenga. Los neoliberales están a favor de todas las concesiones y privilegios a los grupos de poder, pero gritan cuando se trata de apoyar con financiamiento a los agricultores. Y tanto, que creen que el mismísimo Joe Biden, presidente de los Estados Unidos, es un comunista peligroso.

El gobierno de Castillo, si es consecuente con las promesas que le llevaron al poder, deberá gobernar pensando en el país, y no preocupándose de los intereses de un pequeño grupo, que fue el sostén de la señora K. El Perú somos todos, y no un puñado de ricos que han construido sus riquezas con malas artes (¡expoliando al Estado y a los peruanos!). Que todos seamos felices: los ricos, que construyen sus riquezas con esfuerzo y pundonor; y los no ricos, que tengan mayores oportunidades. Eso se logra con un Estado fuerte, empoderado. Castillo debe gobernar para todos, porque el Perú es un país que clama justicia. Castillo no debe defraudarnos. [Comunicando Bosque y Cultura].

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