¿QUÉ NOS ESPERA?

 ¿QUÉ NOS ESPERA?

En un país donde impera la desigualdad, pobreza y bienestar económico para unos pocos, un docente a caballo llegó con su sombrero de ala ancha con la compleja tarea de poner punto final a 30 años de neoliberalismo en Perú.

En términos de política económica comenzará el primer latigazo al proyecto neoliberal. Luego de décadas de crecimiento sin redistribución, Castillo prometió que avanzará con un nuevo régimen económico, caracterizado por el rol activo del Estado.

El profesor postula una “economía popular con mercado”, a lo que añade la revisión de los contratos estatales y una nueva proporción del reparto de utilidades de las empresas, donde las transnacionales se apropien un 20 % y el Estado conserve un 80 % de las ganancias. Castillo también prometió la creación de un millón de empleos y la descentralización económica del país.

En política exterior el cambio será igual o mayor. Luego de cerrar su campaña con un encuentro con “Pepe” Mujica y de recibir el apoyo de Evo Morales y del excandidato presidencial Andrés Arauz, la geopolítica latinoamericana (que había encontrado en el Grupo de Lima un puntal de reagrupamiento neoliberal) suma un nuevo actor progresista. A tono con las elecciones en Chile y el cambio de gobierno en Argentina y Bolivia, la nueva presidencia de Perú abre un nuevo ciclo para una potencial integración regional por izquierda, que permita rediscutir muchos de los proyectos que quedaron truncos en la anterior oleada popular y que podría redefinir acuerdos en materia estratégica.

Las calles y el movimiento social, muy activos durante el pasado año y en el último tramo de la campaña, tendrán un representante que pueda enarbolar algunas de sus demandas.

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En un escenario de empate hegemónico, Castillo tendrá en la apelación a la movilización una de sus principales cartas para hacer valer su programa. Del otro lado, la CONFIEP y el establishment peruano tendrán dos opciones: dialogar con el presidente electo y encontrar puntos de acuerdo o optar por una posición confrontativa que lleve a profundizar la crisis política, económica e institucional que vive el país.

Keiko Fujimori, lideresa de Fuerza Popular

La dispersión de la primera vuelta hará que el próximo presidente esté obligado a gobernar con un Congreso compuesto por 10 bancadas diferentes.

Pedro Castillo tendrá un complejísimo escenario si es que quiere gobernar con el estado de situación actual. De no avanzar en una Asamblea Constituyente, Castillo deberá enfrentar una importante alianza de derecha que se encolumnó detrás de Keiko en la segunda vuelta y que puede utilizar en su favor las vicisitudes de un sistema que oscila entre el parlamentarismo y el presidencialismo. A todo esto, las mociones de vacancia y confianza continúan latentes como un posible y amenazante mecanismo por el que las minorías parlamentarias pueden deponer a un ejecutivo elegido por la gran mayoría de los peruanos.

En la elección de Castillo se cristalizaron las múltiples contradicciones que se juegan en el Perú: la cuestión de clase, la geográfica y su vertiente política, expresada en la forma de ruptura/continuidad y de Asamblea Constituyente. El fujimorismo, que nació como derecha popular, mutó durante 30 años hasta convertirse en la derecha del establishment al punto de unir en un abrazo a los hijos de Fujimori y los de Vargas Llosa. En tierras de desigualdad, pobreza y bienestar económico para unos pocos, un docente a caballo llegó con su sombrero de ala ancha con la compleja tarea de poner punto final a 30 años de neoliberalismo en Perú. Veremos qué sucede.

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Texto de Imagen: Pedro Castillo en la cocina de su casa en Chugur, con su hija pequeña Alondra, de 9 años

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