Respeto a todos y freno a la corrupción

 Respeto a todos y freno a la corrupción

La corrupción es el principal problema del país y solo 2 de cada 10 peruanos confía en los demás. ¿Qué valores debemos poner en práctica los peruanos para ser mejores ciudadanos? Ser honestos y respetar a todos por igual.

La pregunta y las cuatro afirmaciones anteriores son tomadas de los resultados de las dos encuestas realizadas a nivel nacional, a finales del año pasado, por las empresas Datum e Ipsos, de manera independiente, para el Proyecto Especial del Bicentenario que lidera la Presidencia del Consejo de Ministros.

Se tiene la idea que la corrupción solo consiste en el abuso del poder público en provecho propio y se critica a las autoridades políticas cuando se benefician con grandes coimas y se perjudica a los pobladores con el incumplimiento de obras o algunas de ellas mal construidas.

De igual modo nos afectamos todos con el tráfico de influencias, la evasión fiscal, los fraudes o la malversación de fondos que han generado pérdidas para el Perú de más de 23 mil millones de soles en el 2019, según estimó la Contraloría General de la República.

Sin embargo, la corrupción se observa de forma cotidiana también en los ciudadanos. No pagar impuestos, dar coimas, robar servicios públicos, sustraer dinero o documentos de un escritorio, comprar piratería, no pedir o entregar factura son situaciones que se viven a diario.

Frente a este panorama, ninguno de los dos aspirantes al sillón presidencial ofrece garantía plena de transparencia y erradicación de la corrupción. Por un lado, el líder del partido Perú Libre está condenado por negociación incompatible y aprovechamiento del cargo, mientras que en el otro, la misma candidata Keiko Fujimori es acusada por delitos de crimen organizado, lavado de activos, fraude y obstrucción a la justicia.

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A quien salga elegido presidente o presidenta se le debe exigir ser honesto y que trabaje contra el flagelo de la corrupción, además, tiene que recuperar la confianza perdida en las autoridades y entre los propios peruanos.

Es lamentable también, que en las últimas semanas se haya ofendido y se minimice a quien habla u opina distinto. El Perú cuenta con 48 lenguas originarias, que junto al castellano son idiomas oficiales en las localidades donde predominen conforme nuestra Constitución Política que “reconoce y protege la pluralidad étnica y cultural de la Nación”.

Burlarse de un peruano porque no pronuncia de manera correcta el castellano es desconocer e ignorar a nuestros compatriotas. José María Arguedas señaló en 1968 “soy un peruano que orgullosamente, como un demonio feliz, habla en cristiano y en indio, en español y en quechua” y nos recuerda que las palabras y las distintas cosmovisiones se fusionan en cada peruana y peruano.

La discriminación racial agudizó la polarización y presenta la segunda vuelta electoral como una lucha contra el comunismo o contra la corrupción, una pelea entre pobres y ricos, limeños y provincianos, inteligentes e ignorantes. No debe ser así. Y ninguno de los dos candidatos ha hecho lo suficiente por evitar la confrontación, las ha azuzado en el último debate y en sus declaraciones públicas.

Quien gane debe empezar por respetar al candidato que no salga elegido y tiene que escuchar las demandas de la población que no optó por él o por ella. Estas elecciones han permitido ver con claridad que pensamos distinto y no todos están en las mismas condiciones sociales, económicas o educativas, pero somos un solo país y como dijo Basadre “lo peruano es unidad substancial de elementos heterogéneos, conciencia simultánea de lo diverso y lo uno”.

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