Libertad para elegir

 Libertad para elegir

“Siempre puedo elegir, pero tengo que saber que, si no elijo, también elijo” afirmó Jean Paul Sartre para dar a entender que estamos “condenados” a optar siempre por una alternativa, que no hay posibilidad de no elegir. Esta idea se puede aplicar en las próximas elecciones del 6 de junio.

La libertad de votar por uno de los dos candidatos, en blanco, viciarlo o no asistir a sufragar es absoluta responsabilidad de cada ciudadana o ciudadano. Su decisión, les guste o no a las demás personas, tiene que respetarse.

Cada elector tiene sus propias intenciones y percepciones sobre la realidad del país, además de sus propias particularidades que varían de acuerdo a su situación económica, social, cultural, apreciación por la política o el sistema de gobierno y sus preferencias electorales.

No es correcto juzgar la intención de voto de acuerdo con nuestros propios parámetros o circunstancias. La vivencia de los valores democráticos establece que aunque no estemos de acuerdo debe primar la tolerancia, así como la empatía para aceptar que otra persona, sea un conocido, amigo o familiar, no vote como nosotros queremos.

Es muy peligrosa la polarización generada por los discursos de los dos candidatos y sus partidarios que, en gran parte de sus mensajes, no exponen sus propuestas sino ataques al partido contrario a través de los medios de comunicación y las redes sociales traducidos en frases o imágenes que denigran al rival político de turno.

Elegir una opción que no sea del agrado de un grupo o señalar la posibilidad de no votar por ninguno de los dos candidatos se ha convertido, en las últimas semanas, en ser calificado como ignorante, cobarde o antipatriota. De esta manera, los críticos se colocan en una posición de superioridad intelectual y moral que no corresponde a un sistema democrático como el nuestro.

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No se debe permitir el discurso de odio donde predomine el rechazo a la pluralidad, al pensar distinto, a creer que solo “mi pensamiento” es el correcto y el otro merece su descalificación. Es lamentable que la narrativa del rechazo a la opinión del otro vaya acompañada de expresiones con una fuerte carga de discriminación étnico-racial y cultural.

Según las últimas encuestas, alrededor del 15% de la población elige como opción el voto en blanco o viciado, mientras que en la primera vuelta el ausentismo llegó al 30% de los electores hábiles. A pesar de dichas cifras, en la segunda vuelta saldrá elegido quien obtenga más votos válidos. Los blancos y viciados, así como el ausentismo no favorecen a ningún candidato.

Necesitamos fortalecer la formación ciudadana, no solo para depositar el voto en el ánfora electoral en cada elección sino para conocer nuestros derechos individuales y colectivos, al mismo tiempo de aceptar a los otros ciudadanos como sujetos de deberes y derechos respetando las diferencias y características propias de cada persona.

Toda decisión que se elija para los comicios de junio es válida y respetable. Nuestro derecho a votar o decidir de la manera que lo valoremos justo, recto y sensato conlleva el ejercicio de asumir nuestra responsabilidad. Así como debemos considerar legítimas las decisiones de los demás, estamos todos obligados a respetar al próximo mandatario o mandataria que resulte elegido.

Tenemos la responsabilidad de identificar los puntos comunes que nos unen a todos los peruanos a pesar de las diferencias en un país multiétnico y con una vasta riqueza cultural. Sebastián Salazar Bondy nos recuerda con sus versos que “mi país es mi temor, tu ira, la voracidad de aquel”, pero podemos empezar a cambiarlo ya: “bésalo en la frente, como a un hijo, como a un padre, como a alguien cansado que acaba de nacer”.

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