Ninguno de los dos me apetece

 Ninguno de los dos me apetece

Política, votos, elecciones, urnas, destapes, ataques, peleas… ¡ME EXCITÉ!, hoy hablaré del Punto G.

Conocer tu cuerpo y satisfacer todas tus necesidades se ha vuelto una carrera que toda mujer quiere llegar y en el que los hombres no son ajenos, pues si no van a ayudar, no deberían estorbar.

Hoy más que nunca esto ya no es un tabú y ocupa temas de conversación más frecuentes de lo que se imaginan, y es que el Punto G es el centro del universo para quien desea llegar al clímax, que sólo es perfecto si tienen los componentes claves: estimulación, excitación, relajación, es decir, un cúmulo de emociones.

El término “Punto G” fue acuñado por Addiego y colaboradores en 1981, en honor al alemán Ernst Gräfenberg, que lo descubrió en los años 40 por casualidad, mientras estudiaba la uretra femenina. Inmediatamente fue criticado por los ginecólogos más destacados en esos años. Negaron su existencia debido a que no es fácil de encontrarlo. Fue hasta después que se demostró la existencia del Punto G por diferentes observaciones, que varios cambiaron de opinión, quizás porque experimentaron muy bien.

En ámbitos de sexualidad, ese espacio casi sacrosanto de la excitación sexual (Punto G) puede que exista, o puede que no, pero de lo que sí estoy segura es que en lo que respecta a política, existe un punto G que está pasando desapercibido.

Centremos en algo y preguntémonos: ¿Qué nos incita a votar?, esa es una respuesta fácil y es que pocos votan con el raciocinio, en su mayoría, se activa el Punto G y los empuja a las urnas, esa cosita que despierta ese interés dormido por lo que dicen los candidatos y sus propuestas. Es el que nos puede llevar a acaloradas discusiones en una mesa, a simpatizar por un partido o asistir a un mítin. El punto G de la política está vestido de emociones y valga decir, ¡qué tal encontrón de emociones subidas de tono que se dan a diario!

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Todos poseemos un sistema límbico y en él residen las emociones. Tanto el sistema emocional como el valorativo están ubicados en la misma parte del cerebro y juegan un papel básico en la toma de decisiones, desde saltar o no en una piscina a evitar el ahogo, hasta la decisión de ir o no a sufragar.

Para que se active la inteligencia social y emocional, es importante enlazar pensamiento y emoción, particularmente usar reacciones emocionales para guiar el proceso de toma de decisiones y esto es lo que muchos candidatos desconocen, solo se centran en atacar al contrincante en vez de estimular a su elector.

Muchas de las decisiones que tomamos en nuestra vida están capitaneadas por nuestras emociones, sí, justamente en ese punto G. Por ello, si los candidatos

políticos quieren ganar deberían entender que es necesario excitar ese punto del electorado a través de las emociones.

Es necesario invertir tiempo en entender cómo funciona nuestro cerebro, sobretodo entender qué emociones despliega nuestro candidato. Actualmente estamos percibiendo ataques tras ataques y no solo entre simpatizantes de ambos candidatos a esta segunda vuelta electoral que se quieren sacar los ojos en redes sociales, sino por los mismos representantes de Perú Libre y Fuerza Popular.

La población no está percibiendo algo agradable que le sirva como estímulo y le ayude a decidir por quién votar, solamente está recibiendo violencia, temor y hasta estiércol, eso solo generará dudas y quizás votos en blanco.

El Punto G ya no es un mito, al menos en política sabemos dónde está y no es en nuestras partes íntimas, sino más arriba, en donde nuestras emociones y nuestra inteligencia se encargan de hacer su trabajo.

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Así que no se extrañe nadie si determinadas actuaciones de nuestros políticos provocan éxtasis neuronales en la población, aunque visto lo visto, a muchos les entrarán ganas de volverse asexuales (falta de atracción o deseo sexual).

Ninguno de los dos me apetece y ya estamos a días de las elecciones… Y ahora ¿Me quedaré con las ganas?

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