Redes sociales: comunicación inauténtica y la sensación de una vida perfecta

 Redes sociales: comunicación inauténtica y la sensación de una vida perfecta

¿Qué es lo primero que haces al despertar?. Apago la alarma del celular.

¿Qué es lo primero que miras al despertar?. Después de la alarma, le doy una chequeadita a mis redes sociales, es que el trabajo me lo exige.

¿Cuántas personas podríamos identificarnos con ello?. Es que ya se hizo una costumbre, ¿mala?, que nuestra primera mirada, nuestro primer suspiro o nuestra primera rabia, sea consecuencia de mirar las redes sociales a través de los celulares. Pero, podríamos también decir que no todo es tan malo, pues, si vivo sola, gracias a este bendito aparto puedo saludar a quienes quiero y están lejos. Sin embargo, dónde está el problema.

Uriel López Legaria, psicólogo clínico en el centro Takiwasi de Tarapoto, hace una reflexión de lo que las redes sociales van logrando en estos tiempos; con nativos digitales (menores de 30) y donde ya nos encontramos algunos, considerados migrantes digitales (de 31 años para adelante), pero que, igual, estamos atrapados en este mundo virtual.

“Las redes sociales dan una sensación de libre expresión, que muchas veces no es bien utilizada; La opinión o lo que está detrás de la opinión, se evalúa y se refuerza o castiga, con esta visión social, las redes sociales nos dan una sensación de presencia latente, de nuestros vínculos y de nuestras relaciones a través de reforzadores; me gusta, me encanta, me entristece o me enoja”, explica el profesional

“Asimismo, las redes sociales nos dan una sensación de estar continuamente conectados, que creemos que puede superar la soledad o la depresión y hace que ciertas personas puedan sentirse valorados e incluso queridas. El que yo tenga un espacio de libre opinión, me da un beneficio, me refuerza algo; sustituye, a veces, una carencia afectiva, una necesidad de ser visto o reconocido”.

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“Las redes sociales, nos dan confort, porque somos vistos, nos da una sensación de seguridad en las cuales seamos populares y nos permita tener el mundo a un click de distancia y tener influencia sobre ciertas personas desde la comodidad del celular.

La desventaja es cuando las redes nos generan una desarticulación en nuestras relaciones y se objetiviza a las personas, de ser un amigo pasa a ser simplemente un contacto más de los miles que tengo, se deja de visibilizar a la persona y se convierte en una estadística, parte de un conteo”.

PERO, ¿TODO ES TAN MALO CON LAS REDES SOCIALES?

“Lo que hace las redes, aparte de conectarnos con otras personas, puede ser un medio útil de vinculación con personas que se encuentran lejos, saber cómo están y poder decirles cómo estamos. El problema no son las redes, si no, cómo las usamos”, indica Uriel López.

LO QUE DESCARGAMOS EN LAS REDES

“En algunos casos, utilizamos las redes sociales como forma de descarga de nuestra rabia, ira, frustración; además, no decirles a las personas lo que sentimos directamente y utilizamos las redes para ello, es una forma de evasiva; lo que hace que la comunicación sea inauténtica”.

“Hay casos en familias que se dan instrucciones de una habitación a otra y no encontrarse, por el simple hecho de querer compartir algo para poder encontrarnos y estar cerca. Eso nos va alejando y aislando. Las redes tendrían que ser medios de acercamiento. Para los que están cerca está siendo un vehículo de aislamiento, de comunicación inauténtica y una forma errada de confrontación”.

Cuántas veces pudimos ver, sobre todo ahora, cómo existen hasta insultos, en esta época de elecciones, simpatías, temores, ataques, por lo que se viene y la incertidumbre de un nuevo gobierno.

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López Legaria, indica que “las redes sociales generan una polarización y una serie de ataques.

Una serie de cosas que se mezclan, la necesidad de ser vistos, de tener la última palabra que tiene que ver un aspecto de baja autoestima, querer afirmarse, querer tener el reconocimiento, creer saber de todo. Ahora con las redes sociales, podemos ver muchos todólogos”.

QUIERO SER VISTO

Con solo un click, podemos ver historias, posteos, de lo que hacen otras personas y de lo que nosotros mismos hacemos, pero ¿cuándo esto se convierte en un problema?

Para el psicólogo “En las redes sociales, en muchos casos, hay una necesidad de mostrarse. La persona que vive de manera satisfactoria con su vida, simplemente disfruta, no tendría por qué mostrarlo. El contexto actual capitalista, generan una posición en las personas de mostrarse como objetos de consumo”

“Hay personas que no lo hacen a conciencia, con la reflexión; sin embargo, muchas otras sí,

que los hacen con la total y completa sabiduría que causan un efecto. La exposición de la vida íntima, considero, es un problema muy grande”.

LA VIDA ES PERFECTA EN REDES

“Es difícil que una persona se dé cuenta por sí misma de que tiene un problema con el uso y consumo de redes sociales y cuando se le pone en autos, lo ve como un ataque. Porque hay una mimetización entre el Facebook y la persona, pues siente que las redes sociales son parte de ella, de su identidad. Cualquier comentario lo perciben como un ataque personal, que las redes son extensivas a su persona, a reserva de los adolescentes donde los padres pueden intervenir, pero en personas mayores, es más complicado”.

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¿Y qué podríamos hacer para no caer en el uso inadecuado o excesivo de las redes sociales?

Uriel López nos dice que “Es complicado darnos cuenta que estamos haciendo mal, hasta que nos ocurre algo. Debemos darnos cuenta que está siendo perjudicial como el uso del celular en general y de redes en particular. No tenemos autoreferencia, cuándo nos estamos lesionando o haciendo daño. Hay personas que se desvelan en el celular. Y luego deben despertarse a estudiar o trabajar.

Debemos ser más conscientes de cómo nos está afectando, ponernos límites, pues el uso excesivo del celular hace que el cerebro no descanse, no ayuda al cuerpo a entrar a un bioritmo de descanso, sino a estar en una constante alerta, por eso hay mucha ansiedad en las personas.

Regulemos el uso de las redes sociales, debemos cuestionarnos si queremos estar tantas horas conectados o qué otras actividades podríamos estar en esos tiempos. Es conciencia, aunque nos es difícil de cuestionarnos. Podemos hacerlo, es difícil, pero no imposible”.

(Silvia Quevedo)

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