Una semana para aprovechar

 Una semana para aprovechar

La incertidumbre, junto al sentido de pérdida y el aislamiento social, son las principales sensaciones que experimentamos desde que empezó la crisis mundial por el coronavirus. Emociones que aumentan en intensidad al no tener claro cuándo terminará y cómo será la vida pospandemia.

Shakespeare nos hace oír de labios de Macbeth que “la vida es una sombra que transcurre o un actor a quien se olvida después de su turno sobre el escenario”. Un tiempo corto que no debemos desaprovechar a pesar de los problemas y circunstancias que nos agobian.

Esta semana es un periodo especial. Para cristianos y no creyentes se presenta una oportunidad para hacer un alto a nuestras vidas y reemprenderla con mayor entusiasmo. Mediante la oración o la meditación podemos realmente “mirar” y “perder el tiempo en nuestra rosa”, como le señalaba el zorro al Principito, que significa tomarse un momento para disfrutar de lo que se tiene y agradecer, así como ser consciente de nuestros errores o de lo que nos falta.

La vida de Cristo es un ejemplo para lidiar contra situaciones difíciles e incómodas. En los Evangelios se muestran pasajes donde antes de elegir a sus discípulos, previo a su Pasión y durante todo el proceso de su predicación Jesús de Nazaret ora a solas en el monte o en el desierto. La oración y la meditación contribuyen a encontrar la tranquilidad necesaria para pensar y luego tomar decisiones con mayor calma y resolución.

Sin embargo, “admirar a Jesús no es suficiente”, es urgente “seguir su camino porque Él triunfa acogiendo el dolor y la muerte, que nosotros rehenes de la admiración y del éxito, evitaríamos” señaló el Papa Francisco en la Misa del Domingo de Ramos.

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Continúa diciendo el Papa que el Señor conoce “nuestros peores estados de ánimo: fracasos, sufrimientos, rechazo de todos, traiciones e, incluso, el abandono de Dios”. En esta época es válido pensar que Dios nos ha abandonado. Pero lo cierto es que está presente, principalmente, en las víctimas de la pandemia, en los que difunden esperanza, en el personal médico y en todas las personas que trabajan en beneficio de los demás.

De esta manera se hace patente la afirmación del filósofo estadounidense Michel Sandel quien indica que “el primer paso hacia la renovación moral y cívica cuando empecemos a salir de la crisis es reconocer la contribución de los trabajadores que se encuentran fuera del círculo privilegiado de las profesiones de élite y otorgarles una voz significativa en la economía y en la sociedad” porque los invisibles para el sistema como los auxiliares de enfermería, los repartidores, conductores, basureros, vendedores ambulantes, cajeros y asistentes de los mercados y supermercados demostraron que son un engranaje fundamental en nuestras comunidades.

“La grandeza de la vida no está en tener o en afirmarse, sino en descubrirse amados” dice el Pontífice. Explorarse uno mismo, distinguir nuestras virtudes para potenciarlas, nuestros defectos para corregirlos; ver a la cara y con ojos de bondad a los que viven con nosotros, cónyuge, hijos o demás familiares; preguntarnos estos días ¿a qué me comprometo para mejorar mi entorno?, ¿a quién ofendí y a quién debo perdonar?

Que la llamada “nueva normalidad” no constituya una vivencia similar a la que disfrutábamos o padecíamos hace un año. Las nuevas condiciones en las que estamos obligados a vivir actualmente nos recuerdan que “no es morir lo que nos hiere tanto / es vivir lo que nos hiere más” como enuncian unos versos de la poeta Emily Dickinson. Por ello, aunque nos cueste, aprovechemos este tiempo para pensar y reinventarnos.

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