miércoles, junio 29, 2022

Josefina Shapiama Tananta, chazutina ancestral

Existen seres humanos cuyas presencias en nuestras vidas y de los pueblos les dan el realce y que hace que trasciendan. Y con mayor razón cuando a sus avanzadas edades siguen siendo lúcidas, amorosas, llenas de toda esa empatía hacia la gente, que hace que podamos decir que ellos son maravillosos seres humanos. Esta valoración es totalmente cierta en el caso de doña Josefina Shapiama Tananta (Chazuta 04 de marzo de 1927), a quien conozco recién en estos últimos años pese a haber vivido mi niñez en Chazuta y donde he captado hechos y circunstancias.

Admiro en doña Josefina su espíritu indomable, sereno y la manera cómo entendió la vida, desde que llega al Aguano Muyuna en 1947 y donde la conoce don Juan Hipólito Gómez Navarro con quien se casa y terminan radicándose definitivamente en el pueblo. Me ha emocionado inmensamente la humildad y grandeza de esta mujer quien, cuando la visitamos con Francisco Tapullima Yaicurima no ocultaba su humildad para esmerarse en compartir con nosotros una precaria sopa del día, sus plátanos huayabinos sancochados, su majambo asado y todo ese calor humano que nos entrega. Entonces viene a mi memoria la frase del profesor Esaú Hidalgo Murrieta, natural de Contamana, Loreto, cuando dice que la vida de doña Josefina es la expresión de la humildad llevada a la grandeza. Y que trasciende. Y lo sentimos. Porque humildad y nobleza le dan valor a nuestras vidas.

De la larga conversación que sostengo con doña Josefina, como si ella fuera el oráculo del pueblo, va brotando la historia de un pueblo que pareciera ser un misterio. Ella nos ilustra de los temas que no se han registrado y que en “Comunicando Bosque y Cultura” nos hemos propuesto investigar. Ella es la fuente fiel de la historia de un pueblo que casi no conoce su pasado pero que se ha amalgamado con la gente que comenzó a llegar a Chazuta desde la década de los veinte del siglo pasado. Y de ellos nos habla doña Josefina con todos sus afectos. Nos describe las ocurrencias y esos pequeños detalles. Nos habla con emoción de sus hermanas Inés, Noemí, Santos, Leovina, Neolalí. Recuerda a don Rodolfo Reinoso y a su señora doña Inés Lazo, quienes fueron sus padrinos de matrimonio.

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Los sentimientos de esta mujer noble y la grandeza de su espíritu los recibo ese medio día cuando después de invitarnos el almuerzo se retira un momento y regresa con una bolsa y comienza sacar sus pates (recipientes que se elaboran con el fruto del huingo) y nos obsequia. Y me regala un pate especial donde estaban sus iniciales JShT en bajo relieve. Y sentí una emoción tremenda por la humildad y la generosidad que conlleva. La grandeza de un ser humano que se expresa hasta llevarlo a lo sublime de los sentimientos. El logro de una vida plena en toda su sencillez. Esa mujer chazutina que su vida en contacto con la naturaleza, aun dentro de su pobreza, nos enseña que los valores importan más que las posesiones.

Ese momento del sábado 06 de marzo a las 12.40 horas, doña Josefina Shapiama Tananta nos enseñó que la vida tiene su plenitud cuando se vive con la naturaleza, con sentimientos amorosos hacia todos. Ella vive feliz dentro de su humildad porque sabe que esa tarde ese río grande, como si le perteneciera, mojará sus pies mientras en las ramas de un zapote cercano cantarán los rimurucui y los víctor díaz y un bosque hermoso y frondoso estará en el horizonte, al otro lado del río, como si le rindiera el homenaje a la diosa del Tiempo y de los bellos recuerdos. (Comunicando Bosque y Cultura).

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