Amílcar Rodríguez del Águila: un buen ciudadano

 Amílcar Rodríguez  del Águila: un buen ciudadano

Es también un honor escribir una semblanza de don Amílcar, un ciudadano que nos hace recordar las épocas de antaño, en donde el valor de la solidaridad se practicaba por el amor a la gente y no por el cálculo. Tal vez su nombre se origina en ese personaje histórico como lo fue Amílcar Barca, el bravo guerrero cartaginés que se enfrentó a los romanos. Y don Amílcar Rodríguez del Águila, lo sabe mejor que yo, porque es un Maestro, el de los buenos.  Don Amílcar nació en Rioja (25.02.1938), hoy afincado en Tarapoto,  esta ciudad bulliciosa.

Comencé a interesarme en don Amílcar por su vinculación casi permanente con mi familia, especialmente mis tíos Julio Tito, Víctor Hugo y Aquiles Tello, en cuyas reuniones solía estar siempre acompañado de su acordeón o de su guitarra entonando valses y polkas. Si bien Orfeo tañía la lira, don Amílcar hace maravillas con  las cuerdas de la guitarra, y con las teclas de su viejo acordeón con el que suele lucirse en veladas familiares y amicales. Ya no es común ver acordeonistas y encontrarlos ya es algo singular. Pero ahí está don Amílcar tecleando acompañado de su mirada seria, con sus lentes de intelectual, pero que en su alma lleva entronizada la ternura, el apego a los suyos y un mundo de tolerancia hacia las cosas.

Fueron sus padres don Gustavo Rodríguez Sandoval y Luzmila del Águila del Águila, que le inculcaron el amor a la vida y la práctica de los valores. Y es una muestra de que todos somos los frutos de la familia que nos forma y a la que le ponemos un grano de arena para terminar siendo un valor en la sociedad. Por ese motivo, la vida de don Amílcar es el prototipo de ese ser que quiere a la humanidad y que está siempre donde le necesitan: visitando a los enfermos para llevarle alegrías y esperanzas; llamando a los amigos para tener noticias de ellos, participando en grupos de apoyo. En concreto: una persona especial cuya amistad honra y dignifica.

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Casado en abril de 1965 con doña Edelmira del Águila Rojas, maestra también, afirma que con ella alcanzó la realización de su vida. Más de medio siglo de una vida fructífera con sus hijos: Ricardo, Amílcar, Oscar, Marisol y Hugo Enrique. Tiene que ser así, porque sus pergaminos lo dicen: el haber desempeñado diversos y altos cargos en el sector Educación, incluso una beca que le llevó a la ciudad de México. Todo ello tuvo que llevarle a escribir la maravillosa memoria familiar “Presencia en la vida”, que es el testimonio de una vida lograda sirviendo a los demás. ¡Ni qué decir de su fabulosa fototeca; la más grande y única de la región!, que irá a parar en el Museo Toé, de Rioja. Porque don Amílcar entendió la vida como un compromiso: estar siempre donde le necesitan.

Me siento honrado con su amistad. Somos almas gemelas por su preocupación por el medio ambiente, por recuperar los valores y el civismo, por su actitud serena y su esperanza de un mundo mejor. Porque a sus 83 años transmite jovialidad y optimismo. Don Amílcar es un hombre de todos los tiempos….Don Amílcar: ¡Gracias, por su amistad! (Asociación para el desarrollo sostenible Comunicando Bosque y Cultura).

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