EL CAPITÁN PIAVA: Ricardo Palma (al pie de la letra) Condensado.

 EL CAPITÁN PIAVA: Ricardo Palma (al pie de la letra) Condensado.

Era un indio cusqueño de casi gigantesca estatura. Distinguíase por su bravura en el campo de batalla, por su disciplina cuartelera y sobre todo, por la pobreza de su meollo. Para con él, las metáforas estuvieron siempre demás y todo lo entendía “al pie de la letra”. Pero, lanza en ristre era un verdadero centauro. Valía él por todo un escuadrón.

En Junín ascendió a capitán; pero no ascendía. Cadetes de su regimiento llegaron a coroneles, pero Paiva era un capitán eterno; Pero tan resignado y cumplidor de su deber.

¿Por qué no ascendía Paiva? Por bruto vamos a comprobarlo refiriendo algunas historias que dé él se cuentan. Era en 1935 el general Salaverry el Jefe Supremo de la Nación. Cuando ascendió a Teniente, Paiva era ya capitán y hablábanse de tu y vos sin ceremoniosos tratamientos. Paiva era su hombre de confianza para toda comisión de peligro. Su camarada pensaba Salaverry se dejaría matar mil veces antes que hacerse reo de una deslealtad o cobardía.

Una tarde llamó Salaverry a Paiva y le dijo: “Mira, tráeme preso a tal fulano, pero si no lo encuentras, a llana su casa.
– La orden queda cumplida. No

Encontré a ese sujeto, pero su casa la deje tan llana que no quedo pared en pie.

Es que Paiva, como no entendía de dibujos, ni de flores lingüísticos, cumplió al pie de la letra. Salaverry para esconder la risa, volvió la espalda y murmuró: ¡Pedazo de bruto¡

Tenía Salaverry por asistente a un soldado conocido por al apodo el Cuculí. Juntos habían mataperreado y abrigaba por el fraternal cariño. No sabía leer pero si hacer hablar las cuerdas de la guitarra, bailar zamacueca, empinar el codo y darse de puñaladas con cualquiera que le disputase los favores de una pelandusca. Abusando del afecto de Salaverry, cometía barrabasada y media fomentando las quejas al Presidente: Mira canalla – le dijo un día -,de repente se me acaba la paciencia, se me calienta la chicha y te fusilo sin misericordia. Pero él, volvía a las andadas.

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Gorda muy gorda debió ser la queja que le dieron una noche a Salaverry porque dirigiéndose a Paiva, dijo:

“Llévate ahora mismo a este bribón al Cuartel de Granaderos y fusílalo entre dos luces”

Media hora después regresaba para decirle al Presidente: – Ya está cumplida la orden. Pobre muchacho lo fusile en medio de dos faroles – Para Salaverry “entre 2 luces” significaba al amanecer, metáfora usual y corriente….Pero venirle con metáforas a Paiva?

Salaverry que no se había propuesto sino aterrorizar a Cuculí, y enviar la orden de indulto antes de que rayara la aurora, volteó la espalda para disimular una lágrima, murmurando otra vez: ¡Pedazo de bruto!

Pocos días antes de la batalla de Socabaya, una compañía boliviana, desplegada en guerrilla provocaba a los nuestros. El General llego con su escolta y como vio que sus balas no alcanzaban nuestros campamentos, dijo que siguieran gastando pólvora.

-Dame unos cuantos lanceros – dijo colérico el Capitán Paiva – y te ofrezco traerte un boliviano a la grupa de mi caballo. Pues hombre, van a creer esos cangrejos que nos han metido resuello les tenemos miedo.

– Déjame en paz. Has lo que quieras y déjate matar.

Paiva escogió diez lanceros de la escolta, cargó reciamente contra la guerrilla, la desconcertó y disparo por completo, e inclinándose el capitán sobre su costado derecho, cogió del cuello a un oficial enemigo, lo desarmo y lo puso a la grupa de su caballo.

Tres lanceros habían muestro en esa heroica embestida y los restantes volvieron heridos.

Manda a tocar diana ¡Viva el Perú! y después de mirar al General, cayo del caballo para no levantarse más. Tenía dos balazos en el pecho y uno en el vientre.

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Salaverry le había dicho: “Anda, hazte matar” y decir esto a quien todo lo entendía al pie dela letra era condenarlo a muerte.

Yo no lo afirmo, pero sospecho que Salaverry, al separarse del cadáver, murmuró conmovido:

¡Valiente Bruto!

 

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