Yo también me quebré

 Yo también me quebré

No soy la única, de eso estoy completamente segura. Hace mucho tiempo no sentía esto. Una palabra, un gesto y un detalle, fueron situaciones que llegaron al alma. Sí, este presidente, al que muchos denominaron “Quijote Fashion”, no es más que la esperanza y esa figura de representación que nos enseña la importancia de saber elegir.
Criticado por algunos, respaldado por otros, por mi parte, admirado, pues su trayectoria académica no es más que un cúmulo de aprendizajes, que estoy segura le hará tomar decisiones más sabias. Si ponemos a un Merino sobre un Sagasti, no hay punto de comparación, no porque se discrimine a alguien, sino porque la calidad como persona y profesional, se percibe a kilómetros.

“Examinando, en fin, sus encontradas piezas, su retrete, su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo. Mirando con lentes aquel certificado que prueba que nació muy pequeñito le hago una seña, viene, le doy un abrazo, emocionado”. Este fue el final de su discurso antes de que gritará ¡Viva el Perú! con voz entrecortada. Fue este mensaje esperanzador y poético, que a muchos, como a mí, nos devolvió esa sensación de confianza.
Que su voz se entrecorte, no es para menos. Que invite a los familiares de los dos jóvenes fallecidos en las marchas por la corrupción, lo hizo más humano. Esta es la clase de representante que queremos, que sea humano, empático, esperanzador, conciliador, inteligente y lo más importante, que trabaje por convicción y no por interés económico, en este último punto, nos queda 8 meses para supervisar la actual gestión presidencial, que por el bien de todos, esperemos que nos levanté de donde estamos y no nos termine de hundir.
Y así inició una nueva era, con esta generación bicentenario, con estos jóvenes que salieron a las calles, llenos de indignación, cansados por tanta corrupción y con ganas de luchar por tener un país libre de payasos y ladrones.

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Los jóvenes desplazaron a los viejos políticos, diciéndolos ¡Basta ya, queremos un cambio!, un cambio que estoy segura que tendremos si empezamos a insertar a ciudadanos con ideas frescas y con ganas de volver a la política a su lugar y desterrar la politiquería, aquella que se ha prostituido hasta mas no poder.
Que Inti y Bryan se conviertan en símbolo de lucha, de esa lucha que se los llevó, pero que nos dejó la sensación de que unidos podemos lograr muchas cosas. Esa sensación de justicia, de ese coraje que se infla en el pecho cuando sentimos que nos estamos yendo al carajo. Así nos hemos sentido.
Me quedo con la me culpa del actual presidente de la Republica: “El costo ha sido muy alto, y se ha cobrado las vidas de Jack Bryan y Jordan Inti. Si alguna capacidad de rectificación tiene la clase política, el sacrificio de esos jóvenes debe marcar un hito para que cambiemos la forma tan nociva en que hemos estado ejerciendo la política”, manifestó Sagasti.

Que importante es reconocer los errores y hacer algo para enmendarlos. Qué triste es ver a políticos con ansias de poder, de intereses personales a costa de todo un pueblo.

En abril vamos a tener la oportunidad de cambiar el rumbo del país, espero que esta vez la ciudadanía no se deje convencer por un polo o un taper. ¡No! Es el momento de evaluar y ser más estrictos con los que nos van a representar, solamente de esa manera podemos evitar que la violencia nos vuelva a quitar a jóvenes que eran el futuro del país y que se fueron con todo y la patria, con esa bandera roja y blanca sobre el pecho y sobre esas heridas que los mataron.

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Yo también me quebré y lloré, porque amo a mi país y quiero un futuro diferente para las generaciones que están naciendo.

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