El pueblo gobierna: Jamás renunciar al sueño de un mejor país

 El pueblo gobierna: Jamás renunciar al sueño de un mejor país

Un impostergable y sacrificado pasó hacia la decencia nacional. Escribe:Marco Hidalgo Murrieta

Decepcionados, una vez más, de la clase política nacional, el pueblo peruano tomó el toro por las astas y arrinconó a quienes la representan. La indignación ciudadana salió a las calles en plena pandemia para corregir el atropello de una gavilla de oportunistas que deshonran al parlamento y al país. No fue por la vacancia del controvertido Vizcarra, fue por la forma y los motivos que la inspiraron.

Los mal llamados partidos políticos son organizaciones de advenedizos con subalternos intereses particulares. Sin doctrinas ni valores, son causa y efecto de la corrupción de las últimas décadas, con integrantes ligados al crimen.

La agenda del transitorio gobierno absoluto que no pudo tener mejor rostro en Manuel Merino, un chapucero prepotente, se encarrilaba hacia el copamiento del Tribunal Constitucional, disolver la reforma universitaria (el bachillerato automático queriendo frenar a los jóvenes embravecidos), despilfarrar las arcas estatales en clientelismo político, la repartija de los organismos del Estado, y, cual cereza en el pastel, la liberación del asesino de policías, Antauro Humala.

Sin respaldo popular, la ciudadanía se sintió burlada.
El Tribunal Constitucional, quizá la madre del cordero en esta crisis, al no definir los alcances de la “incapacidad moral permanente”, dejó carta libre a interpretaciones caprichosas, a la conveniente manipulación mediante una campaña mediática que avaló el proceder de los mercachifles del Congreso.

Los medios y líderes de opinión también jugaron su partido, cuya conciencia, palabras y gestos los condenarán.

La Policía Nacional, que durante la pandemia fue un ejemplo de empatía con la población, pasó a ser la Gestapo de Merino, estratégicamente provocando a los marchantes y aplastando sus reacciones, hasta terminar con el asesinato de dos jóvenes. Infiltraron agentes tratando de terruquear a esta nueva generación que, en su gran mayoría, no nacieron en ese periodo convulso de nuestra historia.

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Lo que sí nos recuerda esa oscura época del terrorismo y que hasta la fecha no cicatriza, son las personas desaparecidas. El Tribunal Constitucional -TC- ha conminado a la Policía para ubicarlos y ponerlos a buen recaudo. La responsabilidad política y penal en este trance trágico pero reivindicativo, caerá en manos del fugaz Manuel Merino, del errático premier, Ántero Flores Araoz, sus ministros y la Policía Nacional.

Debemos reconocer que nuestra criminalizada política nacional es el resultado también de nuestra indiferencia.
Por ello, la obligación moral es la de seguir atentos y vigilantes, porque los seudo políticos siguen allí, estarán agazapados por un corto tiempo, pero no están extinguidos.

Jamás renunciar al sueño de un mejor país
La Generación Bicentenario llegó para gritar a los cuatro vientos que no permitirán más el abuso de poder, que está para luchar por una regeneración de la práctica política y jamás renunciar al sueño de un mejor país. Llegó para encarrillar a una sociedad que se sacude de sus pérfidas taras históricas y su anómala genética.

Esta historia continuará, porque el Perú necesita, a toda costa, reformularse como nación.

 

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