En Cuñumbuqui nuevamente

 En Cuñumbuqui nuevamente

Cuñumbuqui tiene su encanto particular. Desde que conocí este pueblo en 1964 quedó grabado para siempre en mi memoria la imagen del río Mayo que se cruzaba en una balsa cautiva y la sinuosidad de la carretera que mayormente recorría el fundo de don Abel Trigozo García, quien, cuando nos hicimos amigos muchos años después, decía ser un gran mozandero. “Aquí nadie me gana y hembra que cae en mi talega ya no se escapa”, solía decirme. Antes de llegar al puerto se cruzaba una quebradita que hasta el final del siglo tenía agua y que se utilizaba para todos los propósitos.

Por las actividades de trabajo que desempeñé tengo el privilegio de haber recorrido toda la región y conocerla como la palma de mi mano. Y en Cuñumbuqui siempre fui bien recibido y por eso le tengo un afecto especial a este pueblo adonde suelo volver y la semana pasada nuevamente estuve por esos lares para hacer un recorrido al sector del Bosalao, que, con sus aguas saladas, alimenta al ganado vacuno. Cuñumbuqui es zona ganadera por excelencia y el ganadero lo practica como una religión.

El sector del Bosalao es íntegramente ganadera y cuya actividad se alterna con cultivos de panllevar. Actualmente encontramos ganaderos que continúan desde los años setenta y son los herederos de esos primeros emprendedores que forjaron una actividad que llegaría a ser la marca del pueblo. Y quiero nombrarlos: Limber Cárdenas Lozano, Francisco Lozano Ríos, Grother Torres Vela, Marcial Morí Ríos, Crover López Reátegui, Gregorio Moncada del Águila, Pascual Trigozo Marina, Rodrigo Lozano Lozano (+). Desde la desaparición del Banco Agrario, los ganaderos no han tenido una fuente de financiamiento para mejorar su infraestructura y renovar sus establos. Y es oportuno reconocer que los ganaderos han ayudado a cuidar las quebradas y por eso aún existen.

Mientras disfrutábamos de un rico shibé, que nos invitó doña Vilma Lozano Ríos (1950), esposa de Juvencio Cárdenas Linares (1946), con mi amigo sostuvimos una amena conversación, acompañados de la bella maestra Elensith Lozano Trigoso. La familia nos recibió en el fundo “El Porvenir”, de su propiedad, adonde se llega en quince minutos desde el pueblo recorriendo un tramo sinuoso lleno de una arboleda que, por la lluvia, había reverdecido aún más y que le dio más belleza al recorrido.

Juvencio nos refirió que compra el fundo en 1973 y se dedica a la actividad ganadera después de haber trabajado, desde los dieciséis años como empleado para la construcción de la carretera marginal de la selva y como obrero de la empresa Conselva en el frente Puerto Arce- Juanjui. Recordó con mucho afecto al ingeniero Carlos Documet Reyna, el supervisor general de este gran proyecto. Recordamos que la supervisora, la empresa Brown Root, trajo unas camionetas modernas.

Todo ganadero cuñumbuquino es una historia aparte. En Cuñumbuqui emana el olor a la leche, al queso y esa enjundia de su gente que les hace ser personas maravillosas, sin olvidarnos de sus originales, auténticos y ricos rosquetes, que todavía se elaboran con amor y se disfrutan con el café rupa-rupa. [Comunicando Bosque y Cultura].

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