No podemos vivir aislados o indiferentes ante la realidad

 No podemos vivir aislados o indiferentes ante la realidad

A casi 200 años de lograr la independencia, el ideal republicano de ser ciudadanos iguales ante la ley y no miembros de tal o cual grupo, privilegiado o no ante la ley y el Estado, nos sigue siendo esquivo en la práctica. 

La debilidad de las instituciones no es algo reciente. El Perú es un país en donde nunca se construyó un orden institucional sólido, no existe una época brillante en nuestra historia republicana para destacar el orden institucionalizado; se trata de un problema histórico.

El país cuenta hoy con más instituciones que nunca, más oficinas, más presupuesto, más burócratas, más leyes, más administración pública, pero esto simplemente implica que tenemos un Estado más racionalizado, no que por ello vivamos en un orden social más razonable.

Dicho esto, lo positivo es que hoy tenemos instituciones democráticas, y la tarea consiste en mejorar su diseño y funcionamiento, ahí tenemos Gobiernos regionales que no articulan políticas de desarrollo en el interior de su ámbito geográfico menos aun macro-regionales; la centralización administrativa y financiera es y sigue siendo un duro escollo.

En los últimos años, este “orden de desorden” ha ido consolidándose, favoreciendo a una serie de actores formales e informales a lo largo del territorio que aprendieron a beneficiarse de estas debilidades institucionales.

Esto va desde el Congreso y los partidos políticos, empresarios mercantilistas, pasando por las múltiples mafias en los gobiernos regionales y municipalidades, hasta los barones del oro, la madera, y la coca ilegal. Y es que el problema de fondo no es solamente que las instituciones tengan estas debilidades, sino que demasiados grupos han aprendido a aprovecharlas hasta convertirlas en parte integral de su fortaleza particular.

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Existen relaciones de poder, dinámicas políticas, y prácticas informales consolidadas alrededor de estas debilidades. Así, fortalecer el cumplimiento de la ley y el ordenamiento institucional peruano será una ardua tarea si se tiene en cuenta que la resistencia a tales cambios muchas veces será interna; en el Perú uno nunca sabe cuándo lo que pasará mañana, simple y sencillamente por la ausencia de planificación.

Grandes medianos y pequeños grupos de poder 

Existe alrededor de cada institución una constelación propia de actores, intereses, fuerzas, cada caso es distinto y requiere de atención especial para poder reformarse. La tarea actual consiste en reconocer estas falencias, identificarlas precisamente, asumirlas plenamente, y movilizar esfuerzos sociales y políticos buscando construir mejores instituciones con una visión democrática de largo plazo. Esto último es ciertamente posible. Si bien algunos dudan que el poder democrático sea lo suficientemente poderoso, sigue siendo cierto que la democracia permite rechazar condiciones problemáticas y lograr cambios políticos.  

En nuestro país, desde hace algunos años viene construyéndose un renovado interés y reflexión en torno al orden institucional, y va resurgiendo un saludable vigor en la participación de las clases medias, de los jóvenes y la sociedad civil en la vida política del país. Todas estas son señales positivas, y es que la libertad política no consiste en vivir aislado o permanecer indiferente, sino en participar plenamente de la construcción del tipo de orden social que inevitablemente nos será propio.

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