Con swing y resbalón

 Con swing y resbalón

Los autoproclamados defensores de la moralidad nacional resultaron ser los conspiradores contra la democracia. 

Por Marco Hidalgo Murrieta

En este periodo de conspiraniocos, aparece un nuevo capítulo de la tragicomedia lorcha que protagonizan mediocres actores del Congreso y el Ejecutivo, con un showman como invitado estelar.

La historia es bien conocida y tiene como escenario a la burocracia gubernamental: favorecer a un amigo o aliado, Richard Swing, para contratar con el Estado, sin tener las competencias para ello, a través de nueve charlas motivacionales al personal del Ministerio de Cultura, por las que cobró 50 mil dólares.

El drama estuvo en el intento inútil de negarlas u ocultarlas.  

Los audios por este roche dan la impresión de que el presidente Vizcarra intenta zafar cuerpo del controvertido personaje. En su momento se sacrificó a la ministra de esa cartera. Ahí hubiese quedado zanjado el tema, pero su secretaria lo graba y expone, traicionando su confianza.

El Congreso, aquel recinto de oscuros personajes. 

Con las mismas prácticas del que cerró Vizcarra, cuyo pasatiempo es enfrentarse al Ejecutivo, encontró la oportunidad de oro para sacarlo del camino. El verdugo, Edgar Alarcón, y el juez, Manuel Merino, fariseos de la política nacional, creyeron que arrojando al mar al capitán del barco tendrían la casa servida. 

Pero sus maquinados propósitos fueron descubiertos por los altos galones del poder de facto y, al verse arrinconados, tuvieron que bajar la guardia al perder el respaldo inicial de los bandos congresales y ser acusados de desestabilizadores por sus líderes como Acuña, Keiko y Urresti.

Vizcarra se libra de la vacancia express, pero no lo exonera de rendir cuentas a la justicia. “Yo no me corro”, repitió la frase de quien huyó de la justicia terrenal. La salud del país lo exige. 

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