LA REVOLUCIÓN PRODUCTIVA II PARTE

 LA REVOLUCIÓN PRODUCTIVA II PARTE

La definición de “revolución” también involucra términos como “transformación”, “radical” y “futuro”; conceptos esenciales dentro de su significado. En el caso de una Revolución Productiva estos conceptos podrían indicarnos que las circunstancias actuales exigen el abandono de políticas nacionales y regionales desacertadas en el sector agropecuario, como ocurría en el pasado.

Una “revolución productiva” demanda proyectos que unifiquen y concilien los objetivos políticos de los gobiernos con las necesidades de los productores y los intereses éticos del sector privado. Es decir, se debe legitimar una iniciativa política y técnica que sea justa, eficiente, sostenible y creíble. Por lo tanto, la propuesta debe ser concertada, sin excluir entidades aliadas, ni aceptada al garrotazo por funcionarios resignados al día-día y productores debilitados.

En cualquier revolución exitosa no solamente cambia el escenario; cambian los conceptos y cómo miramos la sociedad. Por ejemplo, siempre se ha considerado al campesinado como los hombres pobres del campo, sin mayores aspiraciones, que esperan que el gobierno solucione sus problemas. Incluso, los proyectos de inversión pública los señalan como los “beneficiarios”, reforzando su condición de “necesitados” de las políticas públicas o de las estrategias de intervención. Ese término debe ser sustituido por “socio” porque involucra una visión empresarial y contribuye a fortalecer el espíritu de competencia para finalmente convertirlo en un aliado estratégico mucho más comprometido y efectivo.

Pero no basta con cambiar los conceptos y renombrar los actores de un proceso de transformación; tenemos que darles sustento y un norte a nuestros socios productores. Y para que esto funcione, es fundamental invertir en investigación y modernizar las organizaciones de productores. Se debe renovar su estructura organizacional, fomentando la cooperativización del sector agropecuario; con este modelo de asociatividad podrán asumir los retos de la innovación, mejorar su capacidad de respuesta a los cambios y se mantengan vigentes.

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Las cooperativas, como modelo de asociatividad, ofrecen a sus miembros las herramientas necesarias para incrementar su nivel de competitividad en organización, mejorar la etapa productiva y comercial, mejorar el control institucional, facilitar el acceso al sistema financiero y, participar en las convocatorias nacionales e internacionales para recibir apoyo en adaptación de tecnología, gestión y comercialización.

“Toda revolución parecía imposible al comienzo y, tras su ocurrencia, era inevitable”. (Bill Ayers)

Próximamente, la tercera parte: “La Revolución Productiva en la Región San Martín, mitos y falacias”.

 

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