CRECE MESETA DE LA DESCONFIANZA


Al igual que el COVID, la desconfianza ha generado su propia cuarentena como consecuencia de que el ciudadano no confía en las instituciones o empresas.

La pérdida de confianza institucional corre el riesgo de convertirse en una epidemia con índices de contagio masivos

Por:  Andrea Plaza

Los medios de comunicación han comenzado a mostrar crecientes voces de insatisfacción frente a una cuarentena que amenaza a convertirse en centena sin que se haya logrado alcanzar la meseta en materia de contención del COVID 19. Los empresarios señalan que las ayudas no son suficientes y que tampoco están llegando oportunamente, el sector de la población más vulnerable reclama que el bono universal es para algunos y no para todos, y los fríos datos estadísticos nos hablan de una economía en ruinas.

Este estado de insatisfacción social nos ha conducido a observar con preocupación una mayor polarización y conflictos que se viven en el país y que hoy se han visto agravados por la pandemia del COVID 19, los cuales están pasando su factura a la economía nacional, escenario generado principalmente por la pérdida de confianza institucional la cual también corre el riesgo de convertirse en una epidemia con índices de contagio masivos – con un Factor R que desconocemos- cuya sintomatología o asintomatología en algunos casos viene afectando: a) el entorno económico: disminución del ahorro e inversión, demoras o nula ejecución del presupuesto público, altos niveles de informalidad, evasión fiscal etc, b) el entorno jurídico: incremento de las demandas judiciales fundadas o infundadas, el uso excesivo de las medidas excepcionales para impartir justicia, conformación de equipos especiales de investigación ad-hoc y/o intento de instaurar una política de control de precios por supuestas especulaciones en el mercado de venta de medicinas, etc y c) el entorno político: convocatorias a referéndum, disoluciones fácticas del congreso, denegaciones del voto de confianza, y/o adelanto de elecciones entre otros, generando en todos los casos un uso indebido de recursos materiales y humanos perdiéndose así la eficiencia en los procesos.

URGE: Un plan de recuperación de confianza institucional

Al igual que el COVID 19, la desconfianza ha generado su propia cuarentena -esta vez un distanciamiento social voluntario e indefinido- como consecuencia de que el ciudadano no confía en las instituciones o empresas porque las encuentra distantes y ajenas a sus propias realidades que acarrea la misma incertidumbre, el no saber si llegaremos a la meseta dado el creciente número de nuevos casos de contagio.

Esto nos lleva a plantearnos la necesidad de poner en marcha no sólo un plan de reactivación económica, sino también un plan de recuperación de confianza institucional, y para ello necesitamos construir canales de comunicación con propuestas viables y concretas ajustadas a la realidad nacional que vinculen propósitos conjuntos que demuestren los logros de la gestión pública de manera objetiva.

Para ello podríamos intentar armar un kit de atención para ciudadanos con desconfianza institucional con tres medicamentos básicos para su tratamiento: líderes con experiencia y probidad en gestión; sistema de rendición de cuentas en los tres poderes del Estado con sanciones efectivas y por último, un sistema integrado de gestión intersectorial con monitoreo del plan estratégico nacional de largo plazo adaptable a entornos inciertos y volátiles que permita la continuidad en distintos periodos de gobierno que nos ayude a alcanzar la inmunidad colectiva.

POR TODO LO DICHO es tiempo de empezar a creer, construir y difundir una economía de mercado que genere confianza ya que una vez que se pierde resulta más difícil que un ordenamiento jurídico -per se- nos ayude a recuperarla.