¿Me prestas tu zapato?


¿Y si ese hombre que murió en la puerta del hospital porque no quisieron atenderlo fuese tu padre? ¿Si el doctor al que sus vecinos no le dejan volver a su casa por temor al contagio fuese tu hijo? ¿Si el militar que es violentado por un grupo de muchachos irresponsables fuese tu hermano? ¿Si el policía que está todo el día en la calle fuese tu esposo? ¿Qué sentirías? ¿Serías igual de despreciable con tus comentarios?
Ponerse en los zapatos del otro, algo que pocos lo practican. Y es que la empatía es un elemento clave de la inteligencia emocional. Es esa capacidad que tiene el ser humano para comprender los sentimientos y emociones de las demás personas. Tan fácil y tan difícil a la vez.
Por eso, ponte en la posición del enfermo, del médico, del policía, del más necesitado, hazlo pero sin juzgarlo e intenta generar una mirada distinta que mejore la convivencia de las personas.
Si algo nos está enseñando el Covid 19 es que lo que afecta a uno, afecta a todos. ¡Así de simple! Las problemáticas son globales y las soluciones, por tanto, también tienen que serlo.
Es cierto que no a todos nos afecta de la misma manera, pero de una y otra forma nos termina perjudicando, porque “cuando llueve, todos se mojan”.
Hace unos días conocí el caso de Ruth, la alumna de mi mamá. Ella está en tercer grado de secundaria en el colegio Jiménez Pimentel. Es una niña que desde que iniciaron las clases virtuales cumple responsablemente sus estudios. El 13 de marzo su vivienda se incendió cuando toda su familia participaba de una ceremonia fúnebre en el cementerio de Tarapoto. Sin embargo, a pesar de estar viviendo una desgracia, Ruth y sus 5 hermanos utilizan una pequeña radio que tiene una duración de solo 3 horas, por lo que tienen que ir en busca de un tomacorriente en la casa de un vecino. Sus ganas por estudiar son sorprendentes y llegan hasta el alma.
Muchas personas al conocer de este caso en Radio Tropical, se conmovieron y se inició una campaña solidaria que logró que los niños obtengan una laptop, además de víveres, ropa y el compromiso del alcalde para reconstruir la casa. Alegra saber que todavía existen personas a las que les duele el sufrimiento ajeno.
El caso de Ruth es uno de los tantos que se hacen visibles en ésta pandemia. Por ejemplo, está la recién nacida que se quedó huérfana porque su mamá murió con Covid 19 en Yurimaguas, la bebe ahora está a cargo de sus abuelitos, quienes son personas de edad muy avanzada. También está el caso del anciano que no tiene para comer porque vivía de sus ventas diarias de caramelos en la plaza de armas. O la señora postrada en la urbanización 9 de abril a causa de una enfermedad degenerativa.
¡Tantas historias! y miles de maneras de ayudar, pero a pesar de ello, todavía se lee y escucha comentarios destructivos que salen de personas miserables que piensan que son inmunes o que nunca tendrán situaciones dolorosas que afrontar.
Ojalá que cuando todo esto acabe, seamos capaces de educar nuestra mirada y volver humanas nuestras emociones. Que seamos capaces de ver la interconexión de los problemas y las soluciones. Que seamos capaces de crear una ciudadanía global, que sobreviva más allá del Covid 19, que sobreviva al sufrimiento que está dejando en familias que se quedaron sin padres, hermanos, hijos, amigos….
¿Me prestas tu zapato? Pregúntense siempre esto, porque solo poniéndose en el lugar del otro, podremos saber lo que es la ausencia, la necesidad, la incertidumbre, la desesperación y el dolor…