Noé, Polo Campos y el coronavirus


El coronavirus está sacando lo peor del ser humano, pero también lo mejor. El miedo y la misericordia conviven en cada rincón del planeta por el COVID-19. Miedo o terror a no contar con algo que el otro pueda tener y misericordia o acciones de ayuda al que hoy más necesita.

Actitudes egoístas al comprar irresponsablemente papel higiénico y productos de limpieza, imprudencia al llevarse la mayor cantidad de alimentos que la tarjeta de crédito o los ahorros puedan permitir. La inhumanidad al acaparar o revender artículos de primera necesidad, la discriminación hacia personas con rasgos asiáticos, la inconsciencia al no acatar las normas emitidas por el Gobierno y las autoridades sanitarias denota un comportamiento irracional generado por la comodidad moderna que impide la privación.

Sin embargo, actitudes altruistas de jóvenes que compran alimentos a los vecinos ancianos para que no salgan a la calle, el esfuerzo de artistas y aficionados que brindan su arte por las redes sociales o a través de balcones y ventanas, la empatía de empresas que han brindado su mercadería a sus trabajadores. El esfuerzo de docentes, profesionales en salud y otros expertos que apoyan desinteresadamente, la solidaridad de compañías que han liberado sus servicios y aplicaciones, la caridad de vecinos que acuerdan, por turnos, limpiar sus edificios o botar la basura evidencia que la misericordia se hace concreta en la generosidad.

El relato bíblico del diluvio presenta a Noé como un hombre justo y honrado. Las dos virtudes implican dar lo que corresponde o pertenece, actuar rectamente y ser razonable en el obrar. Y Noé hizo exactamente como le había ordenado Dios, creyó en el que era su autoridad y obedeció, cumplió a cabalidad lo que se le había solicitado.

Un ejemplo de lo que tenemos que realizar hoy, creer en el personal médico, obedecer las normas sobre la emergencia sanitaria a nivel nacional que supone el aislamiento y la inmovilización social. No salir de casa y recordarlo a amigos y parientes porque aún no lo entienden todos. Además, actuar en este tiempo “con paciencia y mucha calma” como lo recalca Rubén Blades en su canción en homenaje al constructor del Arca.

La respuesta de la población, en su gran mayoría, es hasta ahora responsable y ha reconocido, mediante aplausos, entonando el Himno Nacional y el vals patriótico Contigo Perú, el trabajo de médicas y médicos, enfermeros y enfermeras, bomberas y bomberos, policías, militares y el personal de diversos servicios básicos que continúan con su labor día a día.

El tema compuesto por Augusto Polo Campos refleja el sentir de las peruanas y peruanos de estar “unidos el norte, el centro y el sur”, mucho más ante las desgracias. La canción que resonó durante el Mundial de Rusia nos identifica, pero que no solo nos llene de orgullo sino que brinde ánimos para sobrellevar este periodo con firmeza y entendiendo nuestro rol social de respetar las enérgicas y necesarias determinaciones del Gobierno porque todos “somos hermanos”.

Quedarse en casa conlleva su responsabilidad: compartir información solo de los canales oficiales, expandir mensajes positivos, memes y videos que puedan distender los ánimos, evitar divulgar noticias alarmantes o negativas. Asimismo, compartir con los familiares, jugar con los niños y enseñarles sobre el momento actual. Oportunidad de echar andar nuestra creatividad, paciencia y aprender a valorar a todas aquellas personas que desempeñan labores pedagógicas y domésticas.

Como establece Sun Tzu en El arte de la guerra “sé vigilante y mantente informado” de las disposiciones diarias. Es momento de darnos cuenta que así yo tenga agua, si mi vecino-prójimo-hermano no la tiene yo también peligro. Por eso, ya es necesario pensar en el futuro, cambiar hábitos de consumo y estilos de vida que dañan al planeta y dejan sin recursos a millones de seres humanos, principalmente niñas y niños, hambrientos, descalzos, sin vivienda y sin educación.

En la Misa del 16 de marzo el Papa Francisco decía que Dios actúa en las cosas sencillas y eso se nos pide hoy, pequeñas acciones como no salir de casa con todas las incomodidades y dificultades que acarrea, mantener una adecuada higiene, compartir y convivir con los nuestros, utilizar el tiempo en re-conocernos y re-conocerlos.

Mientras los laboratorios a nivel mundial buscan un tratamiento y una vacuna contra el COVID-19 y las autoridades nacionales tratan de controlar la propagación del virus, depende de cada persona impedir que la enfermedad continúe afectando a miles de habitantes e impidiendo la vida cotidiana de millones.

Cantaremos auténticamente “que sea la victoria nuestra gratitud” cuando, pasado este coronavirus, continuemos realizando obras de misericordia de dar a quien menos tiene, entendiendo que no son regalos sino deberes del Estado que tenemos que ayudar a cumplirlos. Solo así podremos conmemorar, con menos injusticia y pobreza, el bicentenario de nuestra patria.