Hasta que le duela


Puede ser divertida y provoca emociones de todo tipo. A algunos les fascina y a otros les asusta.  Si ambos lo consienten, está perfectamente bien. No eres una mala persona por querer abofetear o ser abofeteado.

Recuerdo que cuando tenía 9 años insulté a mi mamá por no dejarme salir a la calle, fue tan fuerte lo que dije, que mi padre me dio una bofetada que me paralizó, luego siguieron dos correazos y la orden de ir a bañarme y  dormir. Ese acto disciplinario no me traumó, tampoco me volví una mala persona y mucho menos tuvo daños psicológicos colaterales, al contrario, al día siguiente por iniciativa propia, me levanté a pedir disculpas y prometí nunca volver a faltarle el respeto  y lo cumplí.

Antes, el padre y la madre tenían la obligación de tener actos de disciplina con sus hijos, no solamente correazos o llamadas de atenciones, sino el enseñar a tener responsabilidades que se debían cumplir sí o sí. Sin embargo, hoy ocurre todo lo contrario, los niños desde muy pequeños son los que deciden sobre lo que deben o no hacer en casa; manejan a sus padres a su antojo y logran conseguir sus objetivos con manipulación digna de un premio óscar. Y lo curioso, es que siempre se salen con la suya y si el padre o la madre intentan ponerle un dedo encima, éstos amenazan con denunciarlos.

Hasta este punto hemos llegado. Tenemos una sociedad en la que se ha perdido el respeto. Antes, una sola mirada significaba “Te calmas o en casa te espera tu castigo” Y santo remedio, por obra y gracia del espíritu santo, el niño cambiaba de actitud. Ese miedo era necesario, porque la persona entendía que estaba haciendo mal y que su padre o madre cumpliría su amenaza. Hoy, a diario observamos niños golpeando a sus madres por no comprarles lo que desean o por arrebatarles los celulares.

Entonces, si en casa no enseñamos lo que es el respeto y la importancia de acatar reglas. ¿Por qué nos sorprende que adolescentes y jóvenes no acaten los toques de queda?

Se ha armado todo un debate nacional a raíz de un vídeo en el  que un militar peruano abofetea a un detenido por violar el toque de queda. Ha habido encontrones entre comentarios de los “políticamente correctos” que indignados dicen que esa agresión sobrepaso todo y que la única persona que puede levantar el dedo a su hijo es su padre. Por otro lado,  están los “malvados que se solidarizan con el militar”, éstos justifican que el detenido estaba en error y que ponerse malcriado le costó un par de bofeteadas y que eso le enseñará a respetar a las personas y a las reglas.

El militar en cuestión ha recibido una medida disciplinaria. Y en este contexto me pregunto: ¿Así pretendemos poner orden en un país totalmente caótico? ¿De qué Estado de Emergencia estamos hablando?

Un militar, no es ese policía al que le gritas coimero y se tiene que quedar callado. Un militar, no es ese policía al que no haces caso y te pasas la luz en rojo. Un militar, no es ese policía al que le gritas corrupto. A  los militares no los han formado para tratar bonito o con miedo a los delincuentes, mucho menos para aguantar el insulto de vagos, fumones o malcriados en las calles.

Un toque de queda no es un estado en el que se nos puede antojar  jugar a las escondidas o salir a tomar unas chelitas porque hace calor. No señores, la cosa no funciona así. Los que vivieron la época del terrorismo saben que en un toque de queda los militares estaban autorizados a disparar a quien estuviera fuera de su casa.  Entonces, este jovencito ¿Qué quería? Que el militar le diga: “Hijito, eso no se hace y  al estilo de la Popis (Del Chavo del 8) le dijera “Malo, malo, malo”. Y que le pidiera educadamente y con mucha ternura que prometa portarse bien. ¿Eso quería?

Entendamos algo: Las Fuerzas Armadas están entrenados para la guerra, no para enmarrocar delincuentes o en este caso, enamorrocar a muchachitos que se creen bacancitos e intocables, porque así sus padres les hicieron crecer, creyéndose la última coca cola del desierto.

Ya es hora de entender que no estamos de vacaciones, estamos ante una situación en la que todo desacato puede costar la vida de otras personas. Estamos en emergencia sanitaria mundial. ¿Cuándo lo van a entender?

Si seguimos así  y los militares optan por ablandarse para no tener problemas,  las personas, sobre todo las estúpidas (que hay por millones) se sentirán con la libertad de desacatar la orden de  aislamiento obligatorio y de mandar todo al tacho y ahí sí, todo el país se irá al carajo.

Perú, país donde hay más detenidos que infectados.  Así vamos mal. Así, estamos fregados.

Por eso, amigo Militar, dale con todo, hasta que le duela, hasta que el estúpido que no cumple las reglas entienda que esto no es un juego…