Miedo pandémico


Recostada en línea recta, con los ojos aún despiertos, con la televisión al otro lado de la casa, encendida todo el día, vivo este encierro pandémico que se ha vuelto aterrador.

Amanece y es perfecto, pero en la noche todo empieza: el miedo a estar sola, es casi como cruzar el badén de mi mente sórdida y triste.

Duele el pecho, no respiro, mi piel se enroncha, como si me hubiera intoxicado, no estoy enferma y no quiero estarlo, pero todo es parte del miedo a estar ensimismada, escuchando mis latidos, la angustia y ansiedad me han atrapado, no es algo ajeno, todos estamos propensos.

Este lugar no está hecho para la imaginación, cuatro paredes blancas y en el centro un cuadro rodeado de diez velas sin encender.

Son las seis de la tarde, empieza a oscurecer, los fantasmas del miedo se asoman a la sombra del ocaso.

Me contemplo en el espejo y el reflejo de mis dudas me muestran mis ojos sombreados ¿Será de tanto dormir? ¿Será de tanto pensar?

No sabes qué cosa es, no lo habías sentido antes, solo quieres que éste proceso termine y puedas encender la luz, para encontrarte en ella.

Tu oscuridad te absorbe, no tienes más que pensar, solo estás tú y tu pensamiento, y, qué puedes esperar de una mente llenas de textos algo confusos, sin una pizca de sensatez, sumergida en una especie de libro de terror que hace de tus ganas de sentir: un enorme vacío, y escuchas esos ridículos gritos aterradores en tu mente, llamándote.

No, suicidarse no es una opción.

En medio de ésta silenciosa sociedad, las señales del Wifi alteran tus nervios. Sólo quieres gritar. Sientes ser atravesado por los ruidos de la tierra que se vuelven más fuertes, y te detienes por un momento, ¿la oyes? te está pidiendo a gritos que pares, ya no seas egoísta, deja de pensar en ti, y te dice “que ahí está”, que es difícil escucharla cuando estás distraído, pero ahora estás ahí, consciente, tu desesperación, te ha llevado hasta ella y te ha recogido en su regazo, y ahora estas recostado sobre ella buscando un consuelo.

Cuando termine ésta cuarentena, sembraré un árbol y cuando este muy grande recordare este momento como el mejor de mis días, porque la luz nace de la oscuridad, y la oscuridad yace en la luz, para recordarte que el mejor de los mundos se crea cuando tocamos fondo, y se nos abre el camino que estuvimos esperando hace mucho tiempo.