Amor en los tiempos del Coronavirus


“Fermina Daza se ve expuesta a acusaciones difamatorias de la infidelidad de su difunto esposo con su mejor amiga. Con la intención de escapar del escándalo, Fermina accede a hacer un crucero por el río con Florentino Ariza. En el viaje se enamora de él y el crucero se convierte en una especie de luna de miel para los dos, pese a que toda la población estaba asustada a causa del cólera.
Cuando el barco recoge a los pasajeros para el viaje de regreso, Fermina ve a unas personas que conoce y teme el escándalo si se llega a saber que está en un crucero de placer a tan poco tiempo de la muerte de su esposo. Florentino ordena al capitán que levanté una bandera amarilla, señal de que se ha descubierto el cólera en el barco. Con esta excusa, el barco comienza a navegar sin pasajeros ni carga y solo se detiene a cargar combustible y recoger a la novia del capitán. Al volver a la ciudad, nadie quiere volver a su casa, al “horror de la vida real”. Así pues, Florentino sugiere que sigan navegando en el río “para siempre”.”

La muerte y el amor, esos son los temas en el “Amor en los tiempos del cólera” de Gabriel García Márquez y me pareció interesante contextualizarlo hoy, porque estamos viviendo una realidad llena de caos por un virus invisible que nos está enseñando a las malas a tomar medidas preventivas. No es el cólera, es el Coronavirus.

Nuestras vidas han dado un giro de 360° y después de leer tantos comentarios violentos en redes sociales, me pregunto ¿Cuánto amor estamos entregando en tiempos de Coronavirus? Simplemente, estamos generando histeria, una histeria que nos ha llevado al punto de agresión cibernética, fomentando las ansias de asesinar a alguien que presente los síntomas de este virus. ¿Somos una sociedad civilizada? En este punto, ya dudo de lo racionales que somos.

El 16 de marzo cuando inició la medida de aislamiento social, la mayoría de personas lo tomó como broma, se burlaron de la medida, los negocios estaban abiertos, los mercados repletos y las calles como si fuera un día común y corriente. En Tarapoto, ese lunes parecía un día previo a la fiesta de San Juan, el tránsito era un caos y la gente estaba estresada, agrediéndose, tocando el claxon como desquiciados e insultando al que se atravesaba en su camino… ¡Todo estaba de cabeza! A raíz de ello, las fuerzas armadas empezaron a actuar, haciendo acatar lo establecido.
Esa locura y negligencia me hizo tener vergüenza de la sociedad en la que vivo, porque entendí que no queremos hacer nada para preservar nuestra salud, puede más el interés personal y la empatía queda desplazada.
La histeria colectiva sigue, muchas personas no entienden que no habrá desabastecimiento, salen y compran todo lo que pueden sin pensar en el resto. A este paso no nos va a matar el Coronavirus, sino la estupidez de muchos que creen que llevándose el papel higiénico y el alcohol gel serán inmunes.

Pero la realidad es que nadie es inmune y ayer lo pudimos comprobar cuando en conferencia de prensa el Director Regional de Salud confirmó el primer caso de Coronavirus en San Martín.

Este caso confirmado es el del Apu de Andoas, quién llegó de Ámsterdam según indica un comunicado y siguió los protocolos y se realizó un descarte en Lima, en donde le sugirieron que debía estar en cuarentena, pero al no presentar síntomas, no esperó los resultados y viajó a Tarapoto y es ahí donde recibe los resultados positivos del Covid19.

Las preguntas ¿Por qué lo dejaron viajar? ¿A cuántos contagio en el vuelo? ¿Cuántos que trataron con él están contagiados? La negligencia total es de los responsables de salud que hicieron la prueba y no monitorearon la cuarentena, porque debemos tener en cuenta que no todos somos responsables y sin duda, el Apu no pensó que estaba infectado, así como la mayoría cuando minimiza todo y piensa que no contraerá nada negativo para su salud. Seamos sinceros y dejemos de ser doble moral, todos estuvimos tomando esta situación a broma hasta que las cifras empezaron a aumentar y se tomaron medidas drásticas.

Por eso, seamos conscientes, por favor, QUÉDENSE EN CASA, no son vacaciones, ni tiempo de relax, es un momento preocupante. Si uno se expone, expone a todos.
Vivimos un amor tóxico en momentos de Coronavirus, solo suspiro con temor esperando contar una historia de amor con un final feliz en medio de tanto caos, contagio y muertes.

¿Y hasta cuándo cree usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo?