FAMILIA VIVE EN FAMILIA


El mensaje es claro: familia vive en familia. Gran deseo universal: Papá, mamá, hijos, viviendo juntos en auténtica vida familiar. La familia está constituida para vivir en familia; sino que nosotros, seres vivos de abundante inteligencia, con nuestra vida mundana, casi siempre hacemos las cosas al revés. “Yo he vivido mi infancia y mi adolescencia sin padre” arguye una hija, ahora ya profesional, delante de sus progenitores. “Un momento”, responde el papá a la velocidad de un rayo. Luego agrega: “¿cómo sin padre?; pero, si toda la vida vivimos juntos, tú, tus hermanos, tu mamá y yo”. “Lo que pasa papá, es verdad, estabas en casa y al mismo tiempo no estabas” argumenta la hija. De inmediato añade: “Como hijos queríamos que nuestro padre esté con nosotros, nos llevara al parque, a jugar en los columpios, en el tobogán, corriendo juntos, saltando. Al río para bañarnos juntos, echándolos agua en nuestras caras, con jugueteos y risotadas. Al cine, para ver las mejores películas del momento. En fin, queríamos un padre para nosotros. Teníamos un padre sí, todo el tiempo estaba en casa, por escaso tiempo, solo para juzgarnos de todo y jamás tenía tiempo para dedicarse a nosotros” “pero, nunca les faltaba nada: alimentación, salud, casa, juguetes, buena educación” agrega en el acto el progenitor. “Eso es verdad. Pero, eso no te califica como buen padre, porque estabas en casa para tu trabajo y no para nosotros tus hijos. Para nosotros, el papel de padre es ausente”. El padre, cogiéndose los ojos se alejó a llorar inconsolable en su cuarto, por tiempo no determinado. Luego, regresó a la sala, donde se abrazaron padres e hijos a pedirse perdón, que el tiempo de vida futuro sería diferente, que el pasado, pasado está. De manera natural, la familia debe vivir en familia. La niña Virginia al regresar del colegio dice con melancolía: “no quiero morir”. Ella ve la muerte muy cerca, porque en el colegio su compañero Bambo estornudó casi en su cara. La niña cree que el chico está contagiado con el virus de moda, porque alucina que el niño que acaba de llegar de la capital, cumple con los requisitos mínimos de la enfermedad mortal. Alguien la dice: “¿Por qué no quieres morir? ¿Acaso tu vida cumple los mandatos de Dios? ¿Durante tu corta vida estás sirviendo a los demás?” “Verdad, ¿no?” responde ella. El sujeto añade: “Si vivimos sin servir al prójimo ¿qué razón tiene seguir viviendo? Simplemente no sirvo para vivir; entonces, que el virus cuanto antes me lleve ¿adónde? ¿adónde pues? ¿está usted preparada para emprender el camino a la nueva vida después de la muerte? ¿Qué estás haciendo ahora con tu vida? Si estás haciendo cosas buenas de servicio a los demás, entonces poco debe importarte la llegada de la muerte. Ah, pero si ahora no estás sirviendo a los demás, al contrario, estás mancillando al prójimo, estás causando dolor a otros seres vivos, estás robando bienes, violando a niñas, maltratando a tus hijos, faltando el respeto a tus padres, entonces, la posible llegada de la muerte debe preocuparte bastante. La familia debe vivir en familia. El hogar es el caluroso nido donde decenas de años vive la familia. Allí están, padres e hijos, conversando, jugando, intercambiándose experiencias, versando planes familiares, fortaleciéndose sus estados anímicos. Leyendo libros, ayudando a los niños en las matemáticas, en las prácticas de la lectura y la escritura. Enseñando con el ejemplo los básicos valores humanos de respeto, responsabilidad, puntualidad, temor a Dios. Porque quien no teme a Dios, le falta de respeto; peor irrespetuoso será con el prójimo. La familia debe orar. Conversar con Dios en familia, puestos de rodillas, porque el Señor escuche sus arrepentimientos y sus súplicas. ¿Podrá existir otra oportunidad familiar de estar a solas en el hogar? Es el momento de limar asperezas, de arrepentirse de nuestras faltas, de pedirse perdón, de abrazarse, de llorar, de amarse. La familia ha sido constituida para vivir llena de amor. ¿Podrá existir otro lugar donde mejor se pueda expresar el amor humano? Ahora que la familia está confinada en su propio hogar, que el amor rebose y se extienda por la vecindad. El amor es el mejor antídoto del nuevo virus, que el amor familiar sea denso e invada a otras familias y así abarcar pronto el territorio nacional, otros países y continentes. Que sobre la faz de la tierra solo exista el amor familiar. Que la vida humana se desenvuelva en el amor familiar, dando cumplimiento al segundo mandamiento de Jesucristo, para que, junto al primer mandamiento de inmenso amor a Dios, podamos dominar el mundo de manera natural. Al término de ésta necesaria medida de confinación familiar, el ser humano sea otro, porque en el hogar ha experimentado su conversión a Dios para vivir bien en adelante. Ya no habrá robos de celulares, violaciones a niñas, hombres cobardes maltratando y matando mujeres y malas autoridades corruptas.