ALFONSINA STORNI “UN ÁNGEL SENSUAL”


De origen humilde, nacida en Suiza, de padres italianos siempre argentina.
Desde sus primeros versos exhibe la intensidad de su canto amoroso. Altamente hipersensible insurge con su lírica teñida de romanticismo becqueriano e intuiciones modernistas para después expresarse en su estilo propio y original. “Soy una alma desnuda en estos versos” dice con el sentimiento a flor de piel. – Desafiante, rebelde inconformista y melancólica, así era esta maestra rural que se enfrentó valientemente a los prejuicios y formalismos de su época. Fue la primera mujer que escribió en Argentina sobre el tema del sexo que antes no había sido tratado de modo tan abierto debido a los remilgos de la hipocresía social. “Quiero un amor de garra y dientes que me asalte a traición en pleno día”, desafiaba.

Pero no es la pura sensualidad y el explosivo erotismo a lo que aspira este ser hipersensible en su condición de mujer. Su estremecimiento espiritual ansiaba tanto la protesta de la mujer ante las pretensiones de la incomprensión masculina. Por eso es que en su decir poético ha volcado ternura, resentimiento, dolor y hasta ironía. En “Sálvame amor”.

Me aguzo por saber que me adivinas,
me doblo por saber si te me entregas.
Sálvame amor y con tus manos puras
trueca este fuego en límpidas dulzuras.

Una mujer que apasionadamente busca refugio y satisfacción en el varón, pero que al mismo tiempo lucha contra el hombre egoísta y dominante. Esta contraposición es el tema más frecuente de su poética. En “Tu me quieres blanca” cuestiona su egoísmo y su doble moral. El sí puede – ¡qué ironía! – haber disfrutado de los placeres eróticos más exquisitos y ser infiel, pero ella tiene que guardarse “blanca”, sin mácula, y sin derecho a explorar sus apetencias eróticas. Así él lo ve y así lo exige.

TÚ ME QUIERES BLANCA.
Tú me quieres alba,
me quieres de espumas,
me quieres de nácar.
Que sea azucena
sobre todas, casta.
de perfume tenue.
corola cerrada.
Tú, que hubiste todas
las copas a mano,
de frutos y mieles
los labios morados.
Tú, que en el banquete
cubierto de pámpanos
dejaste las carnes
festejando a Baco.

Tú que en los jardines
negros del Engaño
vestido de rojo
corriste al Estrago.

Tú, que el esqueleto
conservas intacto
no sé todavía
por cuáles milagros,
me pretendes blanca
(Dios te lo perdone)
Me pretendes casta
(Dios te lo perdone)
Me pretendes alba.

Huye hacia los bosques;
vete a la montaña;
límpiate la boca;
vive en las cabañas;
toca con las manos
la tierra mojada;
alimenta el cuerpo
con raíz amarga;
debe de las rocas;
duerme sobre escarcha;
renueva tejidos
con salitre y agua;
habla con los pájaros
y lávate al alba.

Y cuando las carnes
te sean tornadas,
y cuando hayas puesto
en ellas el alma
que por las alcobas
se quedó enredada,
entonces, buen hombre,
preténdeme blanca,
preténdeme nívea,
preténdeme casta.

En una segunda etapa plasma su nuevo modo de cantar. Abandona lo enceguecido de su “yo” íntimo, tierno y enamorado. Se muestra más objetiva hacia un realismo menos patético con lo muestra en “Dolor”.

Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla lejana del mar
que la arena de oro y las aguas verdes
y los cielos puros me vieran pasar.

Perder la mirada distraídamente
y que nunca la vuelva a encontrar
y figura ergida entre cielo y playa
al hombre más bello no desear amar.

Este ángel sensual, mezcla de pasión y ternura, ahora es una mujer que ha fracasado en el amor. Intenta echar al olvido sus ímpetus y arrebatos pasionales, muestra la insatisfacción de la vida, lo efímero; y mientras contempla el mar, le obsesiona la muerte. La que dijo: “Corazón que me viene de mujer”, escribió su último secreto a la muerte. “Nodrisa mía; voy a dormir, acuéstame”.
Y en el Mar del Plata: “Te vas, como en sueños, dormida, Alfonsina, vestida de mar”.