Recién abriendo los ojos


Las pocas noticias buenas propaladas por los medios, son auspiciosas: “Tal país se abastece de energía eléctrica con grandes plantas eólicas”. “Tal país genera su energía con hidroeléctricas”. “Tal país genera su energía con inmensas plantas solares”. “Cada casa genera su propia energía eléctrica con los rayos del sol que capturan sus propios techos”. “Tal comunidad riega sus campos de cultivo con agua subterránea elevada con energía eólica”. “Tal comunidad ha reforestado tantos cientos de hectáreas con agua de lluvia cosechada en las partes altas”. De verdad, éstas sí son noticias; pero aparecen como una solitaria hormiga, perdida en la inmensa playa policíaca. Aunque, pensándolo bien, éstas noticias no deberían serlo, porque serían actividades rutinarias, que ni siquiera merecen sofisticadas investigaciones, solo decisiones de profesionales y técnicos, para afinar procesos y materiales complementarios; después, los insumos de Dios son tan abundantes como el maná caído del cielo: Aire, agua, sol, porque al parecer el ser humano recién está abriendo los ojos. Los “genios” sacan lustres a sus recientes tecnologías. Deben ser actividades de todos los días, como distribuir documentos de identidad a las personas, hacer entrega de títulos de propiedad de terrenos urbanos y rurales. Pero, como siempre andamos enceguecidos por nuestros egoísmos, no nos damos cuenta de tanta riqueza abundante que Dios nos regala todos los días. Éstas actividades deben gestarse en el ámbito político, para convertirlas en políticas nacionales y hasta mundiales. Ninguna persona en la tierra debe carecer de agua potable, de energía eléctrica, de alimentos, de vestidos, de salud, de educación, de vivienda. Las casas urbanas deben ser al mismo tiempo generadoras de su propia energía eléctrica solar, productoras de oxígeno en su máxima expresión con hermosas plantas en todos sus rincones, productoras de abono natural como resultado del compostaje de sus restos orgánicos, productoras de hortalizas y frutas. En cada casa debe reinar la armonía familiar, padres e hijos amándose, abrazándose todos los días, expresando a viva voz sus naturales sentimientos de amor unos a otros, entre padres, entre hermanos, padres e hijos. La casa debe ser un centro de oración a Dios, porque aquella armonía familiar solo es alcanzada y es sostenible con su gran presencia. El respeto es uno de los valores que la familia debe practicar. Los otros valores también, como la veracidad, honestidad, puntualidad, responsabilidad, caridad, ayuda al prójimo. Los integrantes de la familia serán sanos del cuerpo físico, de la mente y del Espíritu. La sonrisa abrirá el camino del éxito de todas las actividades diarias. Los integrantes de la familia estarán con energías positivas bien cargadas para taladrar las frías y amargas rocas de enfrente.

Entonces, serán políticas nacionales, las que determinen la socialización de los recursos del estado, que se socialicen las posesiones de los terrenos, que no pocas personas o empresas acaparen demasiadas superficies del territorio, que se financien casas ecológicas de los que carecen, con las características ya descritas, que los servicios básicos sean para todos los pobladores del país, que la educación sea transversal para todas las familias igual que la salud. Abrir los ojos y observar con detenimiento los magnánimos recursos naturales que Dios nos ha dado desde el principio de la creación. Abramos bien los ojos y disfrutemos de esas maravillas, pero también, aprovechémosles para nuestros usos, de manera transversal para todos los seres humanos del planeta, sin discriminaciones de ninguna naturaleza. Las políticas nacionales deben ser generales a todas las personas. Ya es tiempo también, el exterminio de las clasificaciones entre las personas, por el color de la piel, por su ubicación geográfica, por sus grados académicos, por la cantidad de dinero existente en la cuenta del banco. Todas éstas cosas son materiales y el ser humano no es solo material, es también intelectual y espiritual. El ser humano es mucho más.

Las normas legales deben contener claros lineamientos ejecutables y pronto se cosecharán frutos económicos, morales, espirituales, intelectuales, educativos y de salud. El país debe ser sostenible desde las bases sociales, desde las familias, desde las áreas rurales, los caseríos, centros poblados. Se decía que cada casa debe ser un centro de oración a Dios, una Iglesia doméstica fuerte, donde la vida humana solamente es armoniosa, donde no hay cabida para la maldad, donde los deseos al prójimo son solo de bondad. Ésta casa cuenta con todos los servicios: energía eléctrica solar; agua de lluvia tratada; hortalizas propias; abonos hechos allí. De una vez por todas, abrir los ojos para ver las grandes bondades que Dios nos ha dado a cada uno de nosotros y hacer algo para utilizarlos para el beneficio de todos los seres humanos que habitamos la tierra. El sol, el viento, la lluvia son para todos, por tanto, los servicios que se generen de ellos también deben ser pata todos.